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También afirmó que las flotaciones cambiarias, aunque figuren como libres, siempre son en definitiva sucias porque es necesario alguna intervención oficial. Por supuesto, Alemann no razonaba así para un contexto económico donde a una convertibilidad ficticia con peso sobrevaluado de 1 a 1 con el dólar, que fue duramente execrada con bastante razón, le sucedería otra convertibilidad con un peso exageradamente devaluado y mantenida artificialmente con gran esfuerzo, esta vez 1 a 3 o cercana. La novedad es que esta «nueva convertibilidad» es criticada en cenáculos, pero políticamente se consiente, aunque haya reducido el salario real de la gente. Se impuso ahora por metas dudosas de desarrollo del industrialismo interno protegido y de presunto incremento de las exportaciones que las estadísticas económicas no reflejan. En 2004 las ventas al exterior crecieron 17%, pero sólo 5% fue por mayor volumen. El 12% restante fue por mejores precios, algo aleatorio.
Tampoco la justificación de Alemann de emitir para comprar divisas -que implica riesgo inflacionario, aun aceptando que no debe ser causa fáctica de ello- se encuadra con el absurdo actual de que esas divisas adquiridas, en lugar de acumularlas para otros fines mejores -respaldo con créditos blandos a empresarios, por ejemplo-, se las destine a cancelar préstamos del Fondo Monetario que podrían ser renovados por gestión no complicada. No se hace para satisfacer un izquierdismo local que el gobierno considera mayoritario en el país. Créditos a sólo 3% o 4% anual que ya se poseen y que desearían tener decenas de países son saldados sin necesidad. Aquí se va a captar dinero a 15% anual para cancelar también esos créditos, o sea a tasa cinco veces mayor en relación con la del Fondo porque un primer mandatario no quiere que «nadie le imponga nada», así sea algo tan lógico como reducir el gasto estatal, sincerar la economía de tantos subsidios, arreglar la salida inconclusa del default y otras metas pendientes. A su vez, el Banco Central atesora en el exterior los dólares que compra a una tasa de 3%. Pero para estilizar el dinero que emite paga por Lebac, promedio de 7 por ciento. No tiene lógica eso, sostiene siempre este diario.
Descartado el factor monetario -aunque para ser totalmente así habría que mejorar el contexto, por lo dicho-, queda que los pesos transformados en divisas fuertes que se acumulan día a día calman esa apetencia contumaz de los argentinos por el dólar. Por tanto, queda buscar otros motivos del brote inflacionario primero y de la enorme cantidad de conflictos laborales que han surgido, después.
No parece ser que el alza de precios justifique por sí tantos paros en realización y proyectados en el país. Va más allá de buscar la recuperación del salario real que en Chubut, por caso, se esté a un paso de la huelga general en apoyo de solicitar aumentos del ciento por ciento, o sea duplicar el sueldo. Hay un retraso salarial pero lejanamente de esa magnitud.
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