Los gobiernos de diez países sudamericanos demandaron hoy en Brasilia una "reforma profunda y abarcativa" del sistema financiero internacional, al concluir la reunión de los ministros de Finanzas y Relaciones Exteriores del Mercosur y de los miembros asociados del bloque.
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En el comunicado conjunto divulgado al final del encuentro, el Mercosur -Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- y sus miembros asociados (Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) abogaron además por la creación de instrumentos para dar "respuestas concretas, inmediatas y más apropiadas" a la crisis financiera internacional.
Los gobiernos que participaron en la VII Extraordinaria del Consejo Mercado Común defendieron una "regulación prudencial" de los mercados de capitales y coincidieron en la necesidad de mantener canales ágiles de comunicación entre sus países frente a la crisis financiera.
Además, apuntaron que la profundización de la integración regional y el fortalecimiento de los lazos económicos, comerciales y financieros pueden contribuir en forma "decisiva" a atenuar el impacto de las turbulencias sobre los países del subcontinente.
"Hay un deseo fuerte y concordancia de todos en torno a la coordinación macroeconómica. También hubo concordancia de todos los presentes frente a la necesidad de reforma de la arquitectura del sistema financiero internacional. Es importante que ese sistema también tenga capacidad de aumentar la supervisión para reducir los problemas", dijo el anfitrión del encuentro, el canciller brasileño Celso Amorim.
El ministro agregó que, durante la reunión, se debatió la posibilidad de que la Corporación Andina de Fomento (CAF) aumente sus líneas de crédito para impulsar el comercio entre los países de la región, así como las formas de acelerar la puesta en marcha del Banco del Sur, para financiar el desarrollo del área.
"Es necesario fortalecer la integración para mitigar los efectos de la crisis", argumentó Amorim, al aclarar que está en estudio la posibilidad de acelerar también la integración de servicios financieros en los mercados bancarios, de capitales y de seguros.
Pese a las coincidencias expresadas en el comunicado conjunto, fuentes diplomáticas informaron que la reunión fue marcada por discrepancias entre países en torno a la forma de hacer frente a las actuales turbulencias.
Brasil, por ejemplo, propuso convocar una reunión ministerial del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, mientras que Venezuela defendió la celebración de una cumbre de jefes de Estado y de gobierno en el marco de la ONU.
Argentina, que estuvo representada en el encuentro por el canciller Jorge Taiana y por el ministro de Economía, Carlos Fernández, propuso aumentar el Arancel Externo Común (AEC) del Mercosur para frenar las importaciones de países extrabloque.
A su vez, el ministro chileno de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley, abogó por una medida opuesta: una amplia apertura comercial de Sudamérica hacia el resto del mundo.
"La crisis no puede ser excusa para políticas proteccionistas, que sólo agudizarán los problemas sociales", afirmó Foxley, quien sugirió que Sudamérica haga un llamamiento al G8 (los siete países más industrializados y Rusia) para que aumenten sus aportes de capital a instituciones de fomento regional como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El encuentro ministerial fue sugerido por la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, y fue convocado por Brasil, que ocupa hasta diciembre la presidencia "pro témpore" del Mercosur.
Según los analistas, el gran temor de Brasil es perder mercados en Sudamérica, una región con la cual el país acumuló un superávit de 10.800 millones de dólares en los primeros nueve meses de 2008 y que es el principal mercado para sus exportaciones de productos manufacturados.
Un estudio realizado por la Asociación de los Exportadores Brasileños (AEB) pronostica que los países sudamericanos, que obtienen gran parte de sus ingresos a través de las exportaciones de "commodities", serán duramente afectados por la caída en los precios internacionales de esos productos.
Como consecuencia, la entidad prevé que las ventas externas brasileñas a sus vecinos del subcontinente bajarán a 33.200 millones de dólares en 2009, lo que supone un retroceso del 15,9 por ciento frente a los 39.500 millones de dólares esperados para este año.
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