18 de marzo 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Algunas declaraciones, muy efusivas y convencidas al parecer -sobre lo que afirman- nos hacen recordar mucho el terreno del dólar, con la marcha de la Bolsa. Dirá el lector, «seguramente relacionando aquello del bien sustituto, de saltar el 'corralito' con acciones», más otros considerandos que hablamos largo aquí mismo. No, esto tiene que ver cuando un papel toma una tendencia determinada -contundente, definida- y salen los ilusos de siempre a querer ponerle el pecho, sea hacia el alza o hacia la baja. En ambos casos, uno puede quedarse sin papel o sin dinero. Liquidado, digamos. Según se quiera oponer al aumento de precios, dando papeles todos los días a la plaza y pretendiendo surtir la demanda desde todos los ángulos. O bien, el querer ubicarse de frente contra la avalancha de ventas y asumiendo el rol de comprador ilimitado (que nadie puede serlo). Con la actuación del dólar y la posición del Central, la situación es muy parecida -igual, en su fondo-, dando muestras de querer enfrentar la tendencia dando dólares y que el mercado se «los lleve puestos» día tras día, creando algunos «serruchitos» temporales, pero siempre con la plaza superando, en la nueva suba, el máximo anterior. Está bien, algo hay que hacer «pour la galerie» y para que no salgan a vociferar los incautos (que se está dejando que el dólar suba, sin voltearlo...)

El asunto es que esa «patriada» cuesta mucho para arcas que ya están succionadas en demasía. En dos fechas, se le llevaron u$s 120 millones, para cerrar el billete en los $ 2,40/42 muy orondo. La nueva expectativa es esperar a que los exportadores liquiden, en otra idea de quebrar una tendencia natural por vía de un vendedor declarado que quiere repartir «sogazos» (expresión acuñada por un Machinea/ Primavera, a quien también se llevaron puesto...) Digámoslo sin eufemismos: el precio del dólar en un país quebrado -como dicen sus gobernantes- es «infinito». No puede haber cotejo; si fuera un match de boxeo, la asociación respectiva no dejaría que pelearan
«Pesos vs. Dólar», porque no existe la mínima paridad de fuerzas. Y resulta que aquí, muy serios, se los ve a muchos señores con rostro académico juzgando si está muy alto o si se debe a una cuestión especulativa. De haber buscado, a modo de shock, una paridad mucho más alta (de mínima, como el real, haciendo también un buen servicio para suturar toda esa ventaja que Brasil nos fue sacando de modo desleal) que ese casi ridículo $ 1,40 por dólar, tal vez se hubiera descomprimido mucho más la presión que si todo el mundo lo ve avanzar y avanzar, de a cinco/diez centavos, para llegar -como ahora- al mismo objetivo; pero que hoy pasa a resultar ineficaz porque ya se busca más arriba. Oponerse a la tendencia es que un tren lo pase por arriba. De esto, esperemos, deben saber en el Central y aunque digan esos mensajes cargados de infantilismo y queriendo ejercer un control donde solamente hay anarquía.

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