Nos quedó grabada como la imagen más desoladora y demostrativa de la actualidad nacional, social y económica, esa marcha que mostraban las cámaras de televisión instalándose frente al edificio de la Bolsa de Comercio. Los medios recogieron la nota como una más, dentro de esos aluviones de movimientos que alguna vez -al coincidir en un punto- acaso generen la más fantástica madeja humana, que alguien pueda imaginar. ¿Es que había algo más, qué es lo distinto de otras? Nos parece que mucho, y tanto más cuando todavía nos quedan los ecos de declaraciones de algunos de los líderes de esa marcha de desocupados: que estaban totalmente desorientados. Hablaban con todo énfasis de haber elegido llegar a protestar ante la Bolsa, porque era el símbolo de poder económico en el país, de todos los manipuleos -léase, embrollos- financieros que habían dejado a la Nación en tal estado. En aquel día, al escribir el comentario sobre la rueda, habíamos dejado una conclusión que pinta sola la realidad: los que estaban dentro del edificio bursátil tendrían que haber salido y plegado a la marcha. No deben saber demasiado los que buscan culpables de modo desesperado, acerca de viejas glorias pasadas, afiches de épocas exuberantes, que ya no son... al contrario.
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Muchachos, desocupados, entusiastas manifestantes de nuestras calles porteñas: si quieren encontrar la postal que represente exactamente lo inverso a lo que invocaban, sí lo tendrían en ese edificio. Esto es la semblanza de la decadencia nacional, de la deserción y huida de capitales, de la población de extranjeras superando largamente a las acciones locales, de un vacío de actividad y de inversores ausentes ¡como nunca se había observado! Un «imperio» y foco de poderosos, que apenas si mueve algunos millones de dólares por rueda, noventa por ciento de sus papeles cotizando a moneditas, muy por debajo del simple valor de emisión, del nominal de $ 1. Unas cuantas que están con desfases tan notables de sus ratios que son más del acreedor, o del fisco, que de los grupos de control. Y ustedes, justamente ahora, van a embocar como objetivo y representantes de oligarquías, y de adinerados, y de gente con gran peso, a una Bolsa de Comercio que está tan desvalida como los que hacen marchas por sus ahorros, o por su desocupación, o porque faltan insumos, o por los alquileres, o por los taxis, o la compañía aérea, bueno... faltaría una original marcha pidiendo por volver a tener una Bolsa de Comercio y que actúe de mascarón de proa para captar capitales, para distribuir inversiones hacia las empresas que quedan. La Bolsa no estafó a nadie con sus inversiones, es algo que no todos pueden decir y puede que sea la institución más apta, para intentar el retorno a una corriente de capitales que hoy se ha borrado... (Pobres.) Informate más
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