16 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

¿No da la sensación que abril es un conjunto de afluentes -algunos que llevan mucha agua- y que van a una desembocadura de mayo? Acaso resulte solamente una sensación nuestra, pero la compartimos porque también está la posibilidad de que en algunos -o muchos-amigos lectores, corra la misma sensación: y cada uno la desecha sin decirle a nadie, porque teme que sea blanco de alguna broma, o que lo traten de alarmista y cosas así. Si usted es uno de ellos, pues sepa que en esta columna encuentra un par, en eso de temerle a mayo (por todo lo que arrastra abril, en tantas vertientes). Para hacer listado, hay bastante más que un simple enunciado de las cosas más grandes, pero remitámonos a los afluentes principales. El Fondo Monetario insiste en el asunto de suprimir los bonos, ese dinero paralelo que viene circulando y visto con absoluta normalidad, por quienes lo emiten y aquellos que lo observan. Cada provincia con su propia «casa de la moneda», como si don Pascual imprimiera unos miles de «pascualitos» porque necesita dinero. En definitiva... ¿Qué sería de diferente, si uno tiene deudas, se haga fotocopias de «bonos Carlitos». Con una fecha de rescate, y dárselo a nuestros acreedores? Bueno, el tema es que ante la propia cara de los del FMI, anuncian algunos de los estados provinciales: que harán nuevos bonos.

Las empresas de servicios se ven bloqueadas, de aplicar nada de lo que tenían convenido en sus contratos: ergo, amenazas de cortes de servicios esenciales y, al unísono, inicios de juicios internacionales que -obviamente- perderá el país. Un partido político, quizás otros más ahora, deciden firmar una suerte de expulsión de la gente del Fondo, bajo la advocación de las «personas no gratas». Por un lado, funcionarios desesperados para que ésta entidad se arrime y afloje algunos dineros: por el otro, un frente importante echándole culpas de lo que vivimos, queriendo negarles el saludo. Más delicado, algunas organizaciones de pasados deleznables, quieren volver al centro de la escena: y proclaman que «el indio» del Fondo «se nos escapó por un poquito...» (habían ido a Ezeiza y vaya a saber qué pasaba si se cruzaban con esta gente. Lo único que nos falta, después de faenar vacas en la ruta, es que se vea de qué manera agredimos, y apaleamos, a enviados del Fondo Monetario). Alguien recién vuelto a la circulación, dicen que «se cansa de firmar autógrafos» y el héroe asegura que reiterará la organización de saqueos, los que -se olfatean- están bastante cerca (habiendo varios contactos dispersos, como cuando se prueban posibilidades tocando y retirándose, hasta ajustar la estrategia y armar un asalto bien calibrado). Seguro, que lo de Venezuela sirvió para que la sangre se encrespe dentro de las venas, mientras el dólar no-libre -otra chanza contra el Fondo- se pasea atado al palo (hasta pegar el tirón y cortar la soga). Snif... snif... hay un olor bárbaro a problemas).

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