18 de abril 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Querer comparar a los «BONEX», con estos bonos «basura» que -sin siquiera sonrojarse- presenta el gobierno para evaporar los dineros de la gente: es como hablar del Titanic saliendo de Nueva York, todavía un navío con todo su poderío implícito, que al mismo Titanic cortado al medio por un iceberg y cuando su estructura de buque más poderoso del mundo, pasó a valer... Nada. Como una nación autodeclarada en quiebra, fundida, que no paga ya a nadie como ente público y que está contagiando la peste a grandes representantes del sector privado ¿Cuánto puede valer un papelucho, a 10 años, de semejante grotesco? ¿Quién, y con qué, lo avala? ¿Por qué alguien debería tener, y depositar, confianza en los que lo han defraudado?...

Es como querer combatir al dólar subiendo los intereses ¿hasta dónde se lo puede considerar interesante, para el público común? ¿Cuál debe ser la retribución, para prestarle al mayor incumplidor del mundo entero? Ninguna. No hay tasa. Todo es poco, porque el riesgo es infinito en la Argentina y no por lo que es (y lo que son sus potenciales), pero sí por toda una clase gobernante que se ha aficionado a no cumplir con lo escrito, a dar vuelta de modo unilateral las condiciones, a patear tablero a gusto y placer. Y a contagiar a empresarios que toman por la sencilla, de anunciar que no pagarán: sin ningún tipo de esfuerzo por querer armar un programa de respuestas a los compromisos, mostrar la «voluntad de pago», que es lo fundamental: porque ningún acreedor lo quiere ver sin respuesta, en la medida que usted denote el honrar sus compromisos y no guarecerse tras cualquier escudo que le brinden otros irresponsables. Si el Fondo les afloja algo, la película durará un poco más. Tal vez. Si no afloja, la historieta verá pasar los cuadritos de modo apresurado...

Todo aquello que arriba, a modo de estadística (como el espantoso presente de las pensiones, con la morosidad y el descalce del sistema, que deberá aumentar) solamente corrobora que el país abre nuevos orificios en sus debilitadas paredes. Un clásico «efecto dominó», a partir del faltante de capital, de recursos, de producción, de largos años de ver cerrar -una a una-innumerables fábricas y diciendo: «pues, qué importa, lo que interesa es que el consumidor se beneficia de lo que viene traído de China. Y el de aquí, que reviente». Y el que reventaba arrojaba gente a la calle, cerraba, o se iba a instalar afuera para convertirse en «exportador» hacia nuestro medio. Muchos, deja-ban de producir e importaban el mismo producto: de un valor agregado en el país, a pagar el valor agregado de los asiáticos, o brasileños, o europeos. Fundación Capital ha enviado señales sobre lo preocupante de diversos frentes, que se aproximan con más tormenta, pero es como para creer que eso es demasiado benigno y como un informe con filtro. La verdad, tiene perfil muy duro.

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