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En semana, que nuevamente crea el vacío financiero, que arrastra toda actividad posible y convierte al país en un desierto, los únicos peregrinos están haciendo colas en los cajeros automáticos y contestan siempre lo mismo: no le podemos aflojar ni una moneda, pero si desea hacer otra operación... Y a uno le suena a broma pesada, mientras todos saben que están sentados sobre un explosivo llamado BONEX y al que nadie le quería prender la mecha. La deuda externa impagable, la interna revulsiva, batallas perdidas de antemano en los dos frentes y nada que sirva de sostén, a un gabinete que seguía estando allí, en una permanencia que es para ganar tiempo y ver si se abre el cielo y baja un milagro. Si nadie le brinda crédito desde afuera, y la bronca interna hace que menos todavía se pueda obtener confianza y crédito desde adentro, todo lo demás es «cháchara» y mantener la llama encendida a pura fuerza de verba. Las mesas redondas, los invitados, ahora también con apariciones de «mujeres economistas» [una muy enojada, porque según le daban los cálculos el dólar no debe valer más de $ 1,80... (?)]. Lo que demuestra que no todos hemos aprendido mucho de este asunto de la crisis, donde se volvieron a probar los principios clásicos de lo «fiduciario». Y esta es una vieja, y muy explicativa, palabra que antes se usaba mucho en textos de economía y finanzas. Hoy, está como retirada del diccionario del «economista moderno»: que acuden en masa a explicar a la gente distintas valuaciones, siempre en base a números y no a grado de confianza. Por eso las cuentas le dan una cosa y la realidad se las hace pedazos. Y, lo más lindo, se enojan... Informate más
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