2 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Con satisfacción hemos descubierto un enigma que nos llevó cierto tiempo: saber para qué, de modo sistemático, el señor jefe de Gabinete ocupaba espacios mediáticos todas las mañanas. Es para hacer de intérprete de lo que otros funcionarios suelen dejar colgado del aire en declaraciones que son muy difíciles de digerir en hora tan especial de la República. Pues bien, la tarea del señor jefe de Gabinete es una suerte de «sal digestiva», pocas veces con efervescencia, aunque casi siempre pretendiendo transmitir suficiencia. Y hay bastante, escuchando a un presidente del Banco Central asegurando que nuestros ratios «son una fiesta», para que a la mañana siguiente el señor jefe de Gabinete intente explicar el origen de tal aseveración que, por otra parte, no admite dos lecturas. Nos hace acordar a Eduardo Menem, cuando intentaba jugar de decodificador de su hermano, en cuanto éste metía las de andar con algo. No, no explique nada, déjelo así... Pero, de paso, cuando no hay nada importante para decir -y se supone que desde el gobierno siempre debe existir algo importante que rompa el silencio-, bien haría el funcionario en llamarse a recato. Y que todos los políticos, ya tentados de querer hacer un ranking con lo que sucede con los vecinos y demostrando que estamos mejor, se queden en sus bases; nada es mejor cuando se compara en la paz de los cementerios...

En la Bolsa se veían los reflejos más directos y certeros sobre lo que está sucediendo en la región, no con bajas pronunciadas de precios. A cambio, cortando el suministro de combustible y convirtiendo últimas ruedas de julio en un grotesco carente de toda legitimidad; si bien los precios son legales, no tienen tras de sí ningún respaldo. Están expuestos a cualquier movimiento que pretenda torcer la tónica natural. Esto es producto de ruedas donde
«60 papeles mueven $ 7 millones». Si esto no le parece un buen título -resumen de la desolación de los negocios mientras en Uruguay se desparramaban-, ¿dónde encontrará testimonio superior a ése?

Terminando julio, escribimos esto cuando andamos más varados que el Irízar, entre los hielos de las órdenes que no llegan y faltando una rueda para cerrar el séptimo mes. A tales alturas, el Merval clásico nos está marcando una suba de algo más de
20% para los siete meses que llevamos realizados. Ciertamente, un plomo, que pasado a dólares costará bastante desquitar y formado de puntas tan extremas como la suba descomunal de Solvay Indupa, con 880% en siete meses, pero baja de 53% en Grupo Galicia y, fundamentalmente, esa actitud meramente contemplativa de una Pérez Companc que corrigió en menos de 10% sus cotizaciones y actuando de equilibrio bajista en la cartera. ¡Quién hubiera dicho, Pérez, la petrolera insignia, resultando un lastre del índice! Claro, pero quién hubiera dicho que terminaría jugando para los brasileños. (Explique esto, señor jefe de Gabinete...).

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