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El saber «qué es primero y qué es segundo», no pertenece a ningún libro académico, pero es una sabia forma de colocar de uno en fondo, la numerosa problemática de cualquier familia o de una nación. Y aquí se abrió un abanico de cuestiones, donde lo económico da la impresión de un dejarse llevar en inútiles polémicas sobre si amesetó, o no, el crecimiento.
Días atrás, en un programa televisivo, el señor Fernández cayó nuevamente en lo que habíamos ejemplificado sobre uno de los peores males argentinos en un foro de discusión. Aquella vez, lo hicimos en función de la visita de Fidel Castro y los que arrojan a la cara, si a uno se le ocurre expresar que una idea del visitante le pareció interesante, el latigazo de: «¿qué querés, vivir como en Cuba?». Al requerírsele al funcionario sobre lo que todos observan, la falta de un plan homogéneo, el señor respondió airado «¿qué quieren, que vuelva Cavallo?». No, señor Fernández, en todo caso podría volver para aclarar del todo unas cuantas cuestiones muy oscuras de nuestro precipicio reciente, pero decir que Lavagna no muestra ningún tipo de estrategia coordinada: no equivale a que uno desee la vuelta de Cavallo. Es más que una anécdota lo dicho, es una enorme torpeza, que hace dudar por la capacidad de diálogo que pueda prevalecer actualmente.