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El «riesgo argentino» podrá haberse achatado a los niveles que ahora se difunden con orgullo, pero el riesgo virtual, que nos dice que el fallido puede volver a repetir el plato, debe calzar unos cuantos puntos arriba. Nuestra sociedad ya parece, en general, no escandalizarse por nada que implique manejos turbios, desvíos, antecedentes poco santos de personajes que se postulan a cargos de importancia. Los que defienden su posición no vacilan en dar ejemplos en cabeza de otros prominentes en altos cargos y creyendo encontrar allí un espejo puro donde mirarse, no hacen más que ampliar el enchastre. (Como Branda, donde al ser objetado, apuntó que «Bordón está
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