En lo que antaño resultaba como una de las «leyes de oro» de las entidades bancarias, socorriendo a las que estaban en problemas para no perjudicar al sistema, al todo, en nuestro medio -si mal no recordamos-dejó de funcionar con el tremendo estruendo causado en la década del 80 y al dejar que se cayera el Banco de Italia. En el mundo esto parece querer recobrarse con fuerza, vistas las noticias acerca de una red bancaria privada queriendo armar una independiente de los bancos centrales y poseer un «fondo anticrisis», de unos u$s 100.000 millones. Y sirve también para volver a mediar la situación de la posthecatombe inmobiliaria en Estados Unidos, sus efectos inmediatos y, en especial, los « residuales». Las secuelas del movimiento telúrico financiero que hicieron temblar los escritorios de muchos bancos de renombre.
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Solamente con la información de la red de protección que se quiere entramar, está a la vista que es falso que «todo ya pasó». Y esto también se ratifica con mercados que no han podido salir en repuntes gloriosos del cimbronazo, sino que prosiguen con sus sesgos inesperados rueda tras rueda. Protección, suba de tasas, astringencia, es lo que va sucediendo en el mundo: aquí somos opuestos, siempre originales y hasta llegar a amenazar a los bancos para bajar sus tasas, porque al Poder Ejecutivo se le da la gana: aunque sea a contramano de lo aconsejable.
Y, por si fuera poco, lo que informó Ambito Financiero el lunes: acerca de querer obligar a los Fondos Pensión a traer y radicar en activos locales aquello que está afuera.
Sin quitarse de una vez la careta y decir, oficialmente, que las menciones acerca de entidades que administran « jubilación privada» son una falacia total. Porque están expuestas de modo permanente, y desde cualquier ángulo, a que deban colocar el efectivo donde el gobierno de turno lo desee. De paso, dando una regia excusa a los que cobran regias comisiones para justificar los magros saldos que siguen acumulando en estos años, en las cuentas de sus afiliados. «Nosotros no queríamos, el gobierno nos obligó...» (y así quedaron llenos de «bonos basura» fallidos, por imperio de anteriores gobernantes, como ahora puede que hagan una cartera impresentable por opresión de actuales funcionarios).
Como está dentro de lo mismo, párrafo en favor de la actitud tomada por nuestra Caja de Valores: la que solamente se atuvo a las normas sobre develar secretos de carteras, colocando un freno a los prepotentes que pasan por encima de todo. Los que querían chequear el movimiento de los bonos, y actuar en consecuencia con sus aprietes, como si nada pudiera ser vedado a la ferocidad oficial. El gobierno que se despide lo hace mostrando la hilacha de modo más pleno que nunca, ya se le cayó hasta el dobladillo. Entiende que avasallar es gobernar. Y lo intentan, siempre.
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