Se pone cada vez más difícil internarse en la madeja de variables que envuelven a los mercados y su tendencia actual. Esperábamos el correr de la semana, en procura de poder corroborar -o dejar de lado-esa posibilidad atípica que había amanecido en la etapa anterior. Si los índices satélites del Dow podían describir alguna órbita distinta -al menos por un tramo-, eludiendo la mala onda que se transmite desde el mercado eje del sistema. Solamente faltaba que se pusiera en acción el convoy, desde el lunes, y contar con escenario similar. Pero he ahí que surgió otra variable no tenida en cuenta y que no participaba antes. El hecho de que un balance de la petrolera de Brasil cayera mal, tanto en Brasil como aquí, y esto resultara un factor distorsivo para una rueda que vio caída fuerte en el Bovespa -4%- y cierre bien desmejorado en el Merval. Se podía establecer una relación parecida con lo anterior, pero invirtiendo los términos. Ahora, fue el Dow el que pudo andar buena parte del día amagando con el repunte, quedando al cierre en términos bastante neutros. Y la región se despegó totalmente... para mal.
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El papel que hacía de « muchachito» una semana en dos países, a la siguiente empezaba siendo el «villano» para derrumbar a los dos índices. Mientras en el centro bursátil principal, nada cambia la desorientación a pesar de algunas novedades. La actitud de tejer una red protectora, entre grandes bancos, para fondear las carencias de entidades en riesgo. Hecho que uno se pregunta por qué no surgió antes, respondiendo a un mecanismo clásico de los banqueros: ir en ayuda de los eslabones débiles, para que el público no termine por atacar a todo el sistema. La respuesta posible: que estaban esperando que todo lo hiciera la Reserva Federal, con dineros públicos, inyectando capital o rebajando las tasas. Una actitud que delata lo miserables que resultan las mentalidades de este nuevo siglo, que recién salen a actuar después de intentar que el Estado se haga cargo de los desastres creados.
Lo cierto es que el lunes nos mostró un panorama que no tenía que ver con la semana anterior. (Y por allí anduvo también Tenaris, en una formidable baja de precios, con aumento de volumen, sellando la suerte del índice.)
Se hace imposible intuir de dónde caerá alguna piedra nueva en el camino. Para colmo, ya cualquier calibre de proyectil lanzado hace algún tipo de impacto de inmediato. Lo que se puede inferir de algún análisis y conclusión sirve de poco para la rueda siguiente. Y esto es así con los mercados de segundo orden, movedizos y sensibles por naturaleza, como con los de primer nivel, que están asumiendo tragos amargos. Y viendo de qué modo la vuelan en círculos otros activos que se recalientan, o se enfrían, de manera notoria Locura.
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