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30 de noviembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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El pesimismo en Estados Unidos alcanzó nuevos récords. Es lo que se leía en los medios, después de que una encuesta de «Gallup» se diera a conocer. Un 78% de la población cree que «la situación está empeorando». Y es un número, caray. Por otra parte, el sabor agridulce que les habrá quedado a los norteamericanos al enterarse de que los árabes -nada menos- se hicieron con casi 5% del capital de una nave bancaria insignia, como el Citigroup. Fueron u$s 7.500 millones para esa entidad, a la que uno puede imaginarse en qué condiciones estará como para tener que acudir a semejante comprador. Sin embargo, esto se tradujo como «una buena noticia», por parte de operadores desesperados en hallar alguna buena nueva que los saque del pantano bursátil. Y así Wall Street enhebró un par de ruedas de gran nivel de repunte, a la que cuesta encontrarle el sostén fiable dentro de lo que se menciona. Respecto de la actividad económica, una importante casa de inversión estimó que la Fed debería corregir las proyecciones para las tasas a solamente 3% anual, para intentar evitar una «recesión» en pocos meses más. Esto, en función de cómo decaerían los balances empresarios en este escenario. Por supuesto que esto último hay que tomarlo con la debida precaución, porque los «muchachos» de las casas de inversión continúan con su llanto, en procura de que las tasas sigan bajando. Y le quitan la credibilidad a lo que lanzan como estimaciones. Es un juego que seguirá vigente, el de los mensajes directos sobre el panorama y tratar de incidir sobre la Reserva Federal para que les aligere el negocio. Nos quedamos más con lo de «Gallup», encuesta sobre gente común y que refleja aquello que alguna vez decíamos, cuando al inicio del desastre se salía a afirmar que el tema inmobiliario no afectaría la «economía real». En cuanto el temor penetra en la gente, lo primero que hace es restringir el consumo, cuidar lo que poseen, no arriesgar más allá de lo esencial. Y así es como directamente afectan a la economía real, por una reducción del consumo que lleva a caída de ventas y a balances flacos. Quitar al ser humano, tan simple y sujeto a sus instintos primitivos, es un error que siempre ha costado serios disgustos. Codicia y temor serán siempre los motores de los mercados, también de las economías si se agrega la «satisfacción». Cuando los sujetos recogen velas, por más que los sucesos no los involucren directamente. Y en la estadística realizada se patentiza esto: casi 80% de la población, que cree en una situación peor, obrará en consecuencia.  


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Sin apartarnos de lo bursátil, con la ensalada de cuestiones y dichos lanzados en la semana, no es muy entendible que el Dow tomara brillo de pronto. Bienvenido fue por estos lares, en la región, que solamente estaba acusando recibo de moretones y se encontró en una playa súbita, para disfrutar. Que les dure.

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