El martes se producía una curiosa -y también infeliz-coincidencia, al culminar el desempeño de nuestra rueda. Mientras el resto subía, siguiéndole el tren a una Wall Street que parece darle la razón a Bush (tropieza mal, cae, se levanta, como si estuviera borracha), Merval quedaba como furgón desconectado del convoy. Y si se podía ensayar alguna conclusión, el número donde iba a depositarse el índice casi lo cantaba solo. Zona de 1.810 para la valuación del Merval mayor y asociado a un mercado bursátil, que se movía como en el tiempo de las carretas, las de 1810...
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tengo el nivel de riesgopaís, el único ratio que tiende a querer subir, en un arranque de agosto que no pudo zafar de la «malaria» que envuelve a todo tipo de activo argentino (salvo para el bondadoso de Chávez, que sigue viendo a los bonos como atractivos cuando es el último recurso que se tiene a la vista, para poder colocarlos).
La fecha del lunes había como ayudado a nuestro mercado, en el sentido del popular: «mal de muchos»... Insertos en el desplome general de recintos del mundo, el Merval quedaba como siendo parte de un desbande común. Por eso la rueda del martes resultó más chocante, a la vista de todos porque quedamos solos, con la luz del reflector mostrando al único indicador del día que no podía remontar ni el mínimo vuelo. De lo malo, lo peor, verse asociado a las bajas y siendo dejado de lado, cuando tocan los rebotes generales.
Esto no quita que, de persistir la onda positiva afuera, finalmente se pueda plegar el Merval al trencito positivo. Pero, tal tipo de crudezas como la vista el martes denuncian el grado de debilidad alcanzado desde lo interno, para con la inversión en Bolsa.
Unos apuntando a temores por los balances que lleguen, otros señalando el no-cambio del gobierno claramente expuesto días atrás, algún tercero diciendo que los operadores prefieren seguir acumulando «dólar barato» y esa liquidez se resta de los activos de riesgo...
Teorías hay unas cuantas dando vueltas, es a gusto de la mirada y la escuela a que pertenezca cada observador, pero por encima de todos está la verdad inapelable. La que fija el camino seguido por los precios y esas ruedas funestas, donde la Argentina se ve en una isla, aislada del continente bursátil internacional. Agosto se inició asustando a todos y tirándonos por la cabeza el peso de su historial desagradable (que viéramos ayer). Y tal como viene el ranking de pérdidas en la región, es inoportuno dejar pasar una fecha donde los demás repuntan y desde aquí, seguimos atornillados.
Dejá tu comentario