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24 de octubre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Los mercados no paran nunca, aguantan lo que venga. Y eso fue probado como la receta menos problemática -porque la mejor no existe- desde lejanas épocas (en Wall Street, en la crisis de 1873 -y el número está bien escrito- se cometió el error, y se supo, que la presión acumulada resulta mucho peor que la que sale diariamente). Paradas intradiarias, como la que realiza San Pablo a partir de 10% y dando media hora para asumir el mal trago y rearmarse, o los «llamados a plaza» que utilizamos por aquí son pequeñas variantes que no desdicen el hecho de seguir avanzando en medio del temporal.

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Pero, hay un Pero así de grande, a medida que avanzamos en la borrasca local desatada. Y es que, por fuera del circuito y normas del sistema, un muy presto fiscal interesó a un no menos veloz juez y decidieron que el principal actor de las ruedas -los Fondos Pensión-debía quedar «suspendido» por siete días. Parece que lo que más les molestaba a estos ágiles funcionarios era mucho más las posibles ventas de bonos que de acciones. En la premura por actuar de inmediato, y con tanta espontaneidad por el caso, sacaron de la manga una figura que -sinceramente- este periodista no había visto nunca: la de la «maniobra fraudulenta». La figura parece basada en que las entidades habrían enviado a la venta cantidades que lucieron «excesivas» al entrar en conocimiento de la decisión de un gobierno capturándoles los activos. No lo entendimos. Si no hay cláusulas establecidas que regulen cantidades a vender, un inversor institucional podría comprar o vender a voluntad. Porque, al mismo tiempo, puede que haya entidades bancarias que inyectaran de esos activos en estos días, solamente expuestos a precios cada vez menores. Pero, si lo recaudado de lo vendido ingresara como efectivo a las arcas de un fondo, ¿dónde está lo fraudulento? En todo caso, visto lo que siguió, estaban vendiendo bien y defendiendo el patrimonio. Todo suena muy raro, tan extraño en la forma como en el fondo de la medida.

Pero, volviendo al gran Pero que está en el aire: ¿qué habrá de suceder cuando el plazo expire? Por ahora, porque se trata de un proyecto, los activos siguen en poder de los Fondos Pensión. Extenderles la medida, por antojo, resultaría sumamente grosero. Querer probarles -en una semana- que lo vendido fue «fraudulento» es de gran calibre para demostrarlo con simpleza (y si es que no falta dinero). Ahora bien, si se levanta la restricción, qué sucederá con la presión contenida en las entidades en estos días. Y esto nos devuelve al inicio, acerca de que es peor parar los negocios en los mercados, aunque vengan degollando. Imaginemos la febril búsqueda de «pruebas» que sean creíbles, tanto como las presiones extras que deben llegar al veloz dúo judicial que se metió en esto.

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