22 de marzo 2002 - 00:00

Curioso: la crisis argentina impulsó boom de emergentes

Curioso: la crisis argentina impulsó boom de emergentes
Aunque quedó olvidado por la suba descontrolada del dólar, hoy el riesgo-país continúa siendo un excelente indicador respecto de la ubicación que la Argentina tiene en el mundo. Mientras que el riesgo argentino superó esta semana la barrera de los 5.000 puntos básicos, en el resto de los mercados emergentes se ubicó en los niveles más bajos desde que estalló la crisis rusa, en agosto de 1998.
La brecha de tasas entre los bonos emergentes y los títulos del Tesoro estadounidense cayó hasta los 650 puntos básicos (6,50% anual), cuando en setiembre del año pasado esta diferencia superaba los 1.000 puntos. Esta evolución refleja un fuerte aumento del apetito de los inversores por bonos de países emergentes.

Dentro de todos los países que están incluidos en el índice emergente, el caso de Brasil es uno de los más notables. Se esperaba que sufra un fuerte contagio por la crisis argentina, pero sucedió todo lo contrario.

Los bonos treparon hasta el nivel más alto desde fines de 1998. La consecuencia fue una caída vertiginosa del riesgo de 500 puntos en menos de cinco meses: pasó desde 1.200 puntos básicos al comenzar noviembre a apenas 700 puntos, según el cierre de ayer.

La contracara es el riesgo argentino, que prácticamente se quintuplicó en el mismo plazo. Lejos de bajar, el último lunes tocó un nuevo pico, cuando cerró en 5.155 puntos, un aumento de 4,2% respecto del cierre anterior
. Fue el valor más alto desde que Eduardo Duhalde asumió como presidente a principios de enero. En los días siguientes se registró una leve mejora, cerrando ayer en 4.958 puntos. Se trata de un nivel que, obviamente, implica la total ausencia de financiamiento.

El mejor momento en lo que va de 2002 para los bonos argentinos se registró el 15 de febrero, cuando el riesgo cayó por debajo de los 4.000 puntos.

Pero desde ese momento se aceleró el deterioro.

De todas formas, no fue el máximo: el 27 de diciembre, en medio del anuncio del no pago de la deuda externa por parte del entonces presidente Adolfo Rodríguez Saá, la sobretasa argentina respecto de los bonos estadounidenses se ubicó en los 5.473 puntos. Por supuesto, la otra cara de este aumento del riesgo es la fuerte caída en el precio de los títulos. Existen varios argumentos para explicarlo, pero el más significativo tiene que ver con la imposibilidad de salir de la recesión. La incertidumbre sobre el futuro económico de la Argentina hace que las chances para que el país reanude el pago de sus títulos en algún momento cercano, sean remotas.

Además, se espera que la quita del capital para los tenedores extranjeros no sea inferior a 30% el valor de los títulos.

En ese sentido, la pesificación del canje de deuda que se definió por decreto la semana pasada también envió una mala señal a los inversores.

•Contraste

Pero la caída de los bonos argentinos con el consiguiente aumento del riesgo-país contrastó con la evolución del Emerging Market Bond Index (EMBI) vigente para los títulos de países emergentes. Esto significa que se están financiando a una tasa inferior a 10% anual en promedio cuando salen a colocar deuda, ya que la tasa de los bonos del Tesoro en Estados Unidos está entre 3,6% y 5,7% de acuerdo con el plazo.

•Mejora

Hacía tiempo que no era tan barato para los emergentes salir a tomar fondos en el mercado internacional. Las sucesivas rebajas de tasas por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos movieron hacia abajo el piso para los restantes países. El interés de corto plazo cayó desde 6,50% anual a principios de 2001 hasta 1,75% anual, el menor nivel en 40 años.

Pero además de la reducción de tasas en los Estados Unidos, hubo una mejora notable de los propios países emergentes, por supuesto excluyendo a la Argentina. Los motivos que permitieron una fuerte reducción del riesgo son varios:

El blindaje contra la Argentina: pese a los temores de contagio, los países emergentes no sufrieron el impacto del default de la Argentina. El hecho de que la cesación de pagos haya sido largamente esperada hizo que cada país se fuera preparando para recibir el cimbronazo. Esta vez, los emergentes recibieron el golpe del no pago de la deuda argentina mucho mejor que la devaluación mexicana en 1995, la tailandesa en 1997 y el default ruso en 1998.

El escándalo de Enron en los Estados Unidos: la caída de una de las grandes corpora-ciones estadounidenses aumentó el apetito de los fund managers por otros mercados. Por eso, a partir de noviembre pasado se viene notando un traspaso de fondos desde riesgo corporativo estadounidense a riesgo soberano emergente, que hoy es considerado como más seguro.

México consiguió el investment grade: después de varios años de espera, finalmente Standard & Poor's le incrementó la nota a grado de inversión. Esto sumó fondos frescos para América latina, que a partir de México se desparramaron a otros mercados como Brasil (donde a diferencia de la Argentina el dólar está cayendo respecto del real) y Chile.

Turquía y Brasil empujaron la locomotora: tras un fuerte paquete de ayuda del FMI, la liquidación de algunos bancos estatales y un reencauzamiento de la situación fiscal, el gobierno turco consiguió recuperar la confianza. El riesgo-país desde más de 1.000 puntos básicos en setiembre bajó a sólo 600 puntos, según el cierre de ayer. Era el otro país que preocupaba a los inversores, pero alejó los fantasmas del default. Brasil también logró atraer una importante masa de capitales, lo que se reflejó en una caída del dólar contra el real y un fuerte aumento en sus bonos de deuda. El riesgo-país brasileño siguió la misma tónica, con una baja de 500 puntos en apenas cinco meses.

La Argentina quedó casi afuera del índice: representaba más de 20% del índice EMBI a mediados del año pasado, por el fuerte monto de la deuda del total de los emergentes. Pero el megacanje de los bonos argentinos por el préstamo garantizado redujo la participación a menos de 3%. Por lo tanto, la última seguidilla de pérdidas no se reflejó en el indicador que sigue la evolución de los títulos emergentes.

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