Aldo Pignanelli salió a defender su gestión durante casi todo 2002 al frente del Banco Central. Destaca todas las medidas adoptadas en esta entidad -junto a Mario Blejer-hasta diciembre, cuando por diferencias con Roberto Lavagna debió renunciar. Precisamente, envía un mensaje al ministro de Economía por los efectos positivos que produjeron a la hora de calmar expectativas de hiperinflación y corrida hacia el dólar.
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El sistema bancario, dramáticamente paralizado, sufría los efectos del primer «corralito» para los depósitos a la vista, mientras los depósitos a plazo se encontraban congelados por 90 días. Fue la única solución que pudo imaginar el anterior gobierno, ya que durante 2001 salieron del sistema más de u$s 20 mil millones y las reservas internacionales se redujeron de más de u$s 30 mil millones a menos de u$s 15 mil millones.
Duhalde asumió con la cadena de pagos virtualmente rota y las finanzas públicas (nacionales, provinciales y municipales) fuera de control. En el caso de muchas jurisdicciones, el recurso recurrente fue aferrarse a la emisión de cuasi monedas.
La confianza era nula, y el peso comenzaba a devaluarse. El default de la deuda externa pública se había anunciado.
En ese angustioso contexto, quedaba claro que el BCRA no contaba con herramientas idóneas para frenar la fuga de depósitos y la corrida hacia el dólar. Desde el 2 de enero hasta el 24 de abril, sobre un total de 78 días hábiles se establecieron 19 feriados bancarios y cambiarios.
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