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Los aranceles, que entrarán en vigor el 20 de marzo, forman parte de un plan anunciado hoy por la Casa Blanca que pretende beneficiar a la industria siderúrgica estadounidense, pero que va a disgustar a las naciones productoras afectadas y a la UE, que han amenazado con responder con un conflicto comercial.
En una declaración, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció que "este alivio ayudará a los trabajadores del acero, a las comunidades que dependen del acero y a que la industria siderúrgica se reestructure sin dañar a nuestra economía".
Como se esperaba, la medida no afecta a México ni a Canadá, grandes socios comerciales de EEUU en el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC), ni tampoco a Argentina o Tailandia, entre otras naciones en desarrollo.
Sí afecta, sin embargo, a países productores de acero, como Brasil, Corea del Sur, Japón, Rusia, Ucrania, Alemania, Francia, China y Australia.
A la decisión de EEUU de imponer gravámenes sobre el acero importado se habían opuesto, entre otros, sus socios comerciales Japón y la UE, que ha señalado que esa medida "no le deja otra opción que reaccionar", según un portavoz de la Comisión Europea.
La Casa Blanca ha argumentado que se trata de una decisión de compromiso, pues no acepta todas las reclamaciones de la poderosa industria siderúrgica estadounidense ni tampoco las de los países afectados, que le pedían que no impusiera ningún tipo de tarifa.
El Gobierno de Washington no ha aceptado el 40 por ciento de tarifas reclamada por la industria siderúrgica norteamericana y tampoco su petición de una ayuda de 10.000 millones de dólares para los costes sanitarios y las pensiones de los empleados retirados de compañías que declararon la bancarrota.
A la vez, ha dejado exento de los aranceles al acero procedente de naciones en desarrollo como Argentina o Tailandia.
"La industria precisa tiempo para respirar. Esto dará a la industria tiempo para recuperarse", aseguró hoy el representante de Comercio Exterior, Robert Zoellick.
Según fuentes de la Casa Blanca, el plan establece que el 30 por ciento de las tarifas arancelarias se aplicarán al acero laminado en caliente y en frío; láminas planas de acero; productos laminados y planchas gruesas de acero, pero estas últimas sólo después de la importación de las primeras 5,4 toneladas.
Un gravamen del 15 por ciento se colocará en los productos tubulares, las barras de acero inoxidable y las varas de acero inoxidable.
Con un 13 por ciento se penalizarán los remaches de carbono y otras guarniciones con aleación de acero utilizadas en la industria automovilística.
Finalmente, el Gobierno estadounidense gravará con un 8 por ciento el alambre de acero inoxidable.
Según explicaron hoy fuentes del Ejecutivo de EEUU, la decisión de Bush tiene en principio un plazo de tres años, aunque puede ser modificada en caso de que la situación de la industria siderúrgica estadounidense mejore o empeore.
La industria siderúrgica estadounidense se ha visto golpeada por los bajos precios del acero importado, que ha sido la causa, según señalan los productores, de la bancarrota de 18 compañías desde 1998.
Durante la campaña electoral, Bush se comprometió a apoyar a la industria siderúrgica y, con esta decisión, parece tener en cuenta la posición de estados productores como los del Medio Oeste, Pensilvania y Virginia Occidental, para su reelección en 2004.
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