El Banco Hipotecario (BHSA) terminó ayer de «pegar la vuelta» en su siempre difícil relación con el gobierno de Néstor Kirchner: en un escueto comunicado remitido a la Bolsa porteña, la entidad que preside Clarisa Lifsic de Estol informa que «se notificó de la Resolución 271 del directorio del Banco Central de la República Argentina, por la que se dejaron sin efecto las restricciones que tenía la entidad para la captación de depósitos a plazo fijo».
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La brevedad del comunicado mal oculta lo que es el cambio estructural del Hipotecario como entidad financiera: a partir de ayer, puede usar el ahorro público para fondearse, lo que le estaba vedado desde su propia fundación.
Hasta ahora, el banco sólo podía captar fondos de dos fuentes: recupero de cartera deudora y emisión de cédulas hipotecarias.
Cuando se privatizó el Hipotecario en 1998, el gobierno de entonces impuso una restricción: sólo podía captar fondos a plazo fijo por el equivalente de hasta 40% de su capital social. En la actualidad, ese capital asciende a $ 1.500 millones, por lo que el tope de depósitos a plazo para el BHSA era de apenas $ 600 millones; a partir de hoy, el límite sólo estará dado por el atractivo de las tasas que ofrezca y el poder de convicción de sus vendedores.
Las autoridades del Hipotecario habían solicitado el levantamiento de esta restricción hace dos años; el argumento esgrimido: que se los igualara con el resto del sistema financiero argentino (era la única entidad con una limitación semejante para recibir depósitos). La autoridad monetaria accedió, algo impensable sin un guiño de la Casa Rosada, habida cuenta de la relación que mantiene Martín Redrado con el matrimonio presidencial.
Enfrentamiento
Esto habría sido impensable hace dos años, cuando el ministro de Economía era Roberto Lavagna; por entonces, el ex candidato presidencial mantuvo un durísimo enfrentamiento con el grupo IRSA que encabeza Eduardo Elsztain, que llegó incluso a denuncias judiciales y administrativas contra el propio Elsztain y otros miembros del directorio del BHSA por supuestas malversaciones de fondos. Esas denuncias fueron desestimadas. Desde entonces, la gente de IRSA luchó para remontar la mala relación con el gobierno que había quedado desde los días de Lavagna. Este pasaje transcurrió no sin sobresaltos: cuando estalló el escándalo de la bolsa de dinero hallada en el baño de la entonces ministra Felisa Miceli, debieron renunciar los dos miembros del directorio del BHSA designados por el Estado nacional (que conserva la mayoría accionaria del banco, pero no el control, que es de IRSA).
Se trataba de Jorge March y Jaime Grinberg; lo llamativo es que desde entonces no han sido reemplazados y el Estado no tiene hoy representantes en el BHSA, situación que seguramente se modificará cuando Martín Loustau se haga cargo de la cartera económica.
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