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En la Argentina, el alza tiene en principio un efecto positivo porque aumenta la recaudación del Estado nacional por la vía de los impuestos a las petroleras y las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos. No obstante, no puede inferirse que los ingresos fiscales equivalen a 45 por ciento del precio del crudo, porque ese porcentaje sólo rige para el petróleo, y hay una tendencia a que disminuyan las ventas de ese producto y aumenten las de naftas que pagan 5 por ciento de retención.
También las provincias productoras se ven beneficiadas con el alza porque recaudan más por las regalías petroleras. Además, hay un impacto positivo en la balanza comercial. No obstante, la Argentina no quedaría al margen de una desaceleración de la economía mundial e incluso la recesión por los altos precios de la energía.
Para explicar la actual disparada de precios, en la que nadie se atreve a pronosticar un techo, los analistas hablan ya de «una explosiva combinación» de fuerte demanda, problemas en las refinerías y tensiones en Medio Oriente.
En el mercado de Nueva York, el barril de la variedad West Texas Intermediate para entrega en setiembre cerró con un aumento de 1,83 dólar, a 64,90 dólares, tras haber llegado hasta 65 dólares por barril.
En Londres, el barril del Brent del Mar del Norte subió por su parte 2,12 dólares y cerró también en un nuevo récord a 64,10 dólares.
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