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2 de julio 2004 - 00:00

Energía sería la mejor política económica del gobierno y la única con previsión de futuro

Se advierte intención del gobierno de preservar las reservas de petróleo y gas, que ahora ya se sabe que son escasas. Aunque son medidas impulsadas en principio por la crisis energética podría ser, por su trascendencia para el futuro nacional, la mejor política del área económica del gobierno de Néstor Kirchner. En abril se limitaron las exportaciones de gas a Chile, y este mes, sin buenos fundamentos, se restableció la mayor parte, cuando se considera que exportar ese fluido no es posible en la Argentina con reservas descubiertas para apenas 10 o 12 años. Chile le forzó el protocolo gasífero a Carlos Menem durante su presidencia, en un momento en que los técnicos creían que el gas sobraba en la Argentina y se construyeron seis gasoductos a países limítrofes. Ahora ya es claro que el protocolo no se puede cumplir. Lo mismo sucede con la exportación de petróleo, que es casi la mitad de lo que se produce en áreas locales. Hasta debería pensarse que no es bueno que Repsol YPF sea la empresa que más impuestos paga en el país, porque ese dato refleja que se está apurando la extracción de hidrocarburos, contrariamente a lo que hace EE.UU. que demora la extracción en su territorio y depende de las importaciones para tener futuro energético. Sería desastroso que, en 10 o 12 años, la Argentina deba importar gas, y quizás poco después petróleo, porque el momento coincidiría con los pagos más fuertes que se comprometerán ahora para reestructurar la deuda en default y la posdefault que permitió salir del «corralito» y del «corralón». La falta de las principales fuentes de energía comprometería además el futuro del país. A la Argentina le costó mucho conseguir el autoabastecimiento: primero lo alcanzó en 1960 con Arturo Frondizi; lo perdió en 1963 con Arturo Illia, y recién lo volvió a lograr varios años después. Sería un proyecto interesante el de ENARSA, la empresa estatal de energía, si se dedica a buscar reservas en el mar. El problema es si termina como YPF dando pérdida por la burocracia y porque se usaba con fines de clientelismo político. Recordemos que las empresas energéticas fueron privatizadas más que por vocación por estar carcomidas de déficit por el uso político del empleo público en ellas más los insaciables sindicalistas. SEGBA, de electricidad, tenía 22.000 empleados y 42.000 juicios iniciados por los propios gremialistas y los abogados de las mismas empresas. YPF estatal era la única petrolera del mundo que daba pérdida.

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Parece haber una intención parecida en la creación de ENARSA, la empresa estatal de energía, que en sociedad con otras compañías buscará petróleo en el mar para aumentar el horizonte de las reservas.

Pero esta política energética, aunque sea probablemente la mejor en el área económica de este gobierno, parece empujada por las circunstancias y acotada por los compromisos contraídos con Chile y con las petroleras privadas, en un país donde la ruptura de los contratos, o su incumplimiento, se convirtió en práctica corriente.

De hecho, el gobierno redujo las exportaciones a Chile en abril y mayo, pero cuando aumentó la producción de gas por parte de las productoras -o el invierno se presenta para consumos menos duro hasta ahora que lo previsible-, habilitó a que se volviera a vender casi con normalidad al país trasandino. El argumento fue que aunque haya gas, en el mercado local no hay gasoductos suficientes para satisfacer la demanda; por consiguiente, los cortes a Chile serían «inútiles».

Sin embargo, las autoridades nacionales no parecen advertir que tras la mayor producción que las petroleras tenían reservada para los meses de más consumo del invierno, para setiembre, cuando baje la demanda residencial y ya no se choque con el cuello de botella de los gasoductos, el gas seguirá faltando, como faltó entre febrero y mayo.

El argumento oficial fue, hasta ahora, que si una industria o actividad contrata un servicio interrumpible paga una tarifa más baja para que se le pueda cortar cuando sea necesario. Esta afirmación no contempla que las industrias con contrato interrumpible se manejaron con el dato de que los cortes son habitualmente por pocos días en el invierno, cuando crece el consumo en hogares.

Es decir, esas empresas nunca imaginaron que les cortarían el gas en febrero. Hay inclusive actividades claramente estacionales, como la zafra en Tucumán o la cosecha citrícola en Neuquén, que se realizan en épocas donde nunca estuvo previsto que se cortara el gas (abril-mayo).

En realidad, el concepto de interrumpible surge del criterio cierto de que no es económicamente rentable mantener una red de gasoductos para abastecer un pico de demanda que se registra en tres o, a lo sumo, cuatro semanas en invierno. Por eso, los cortes siempre estuvieron pensados para esa fecha, aunque el usuario con contrato interrumpible pague tarifa más barata todo el año.







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