Ya están apareciendo viejos comensales en una mesa financiera que -lejos de antiguos y regios manjares-hoy solamente ofrece mendrugos para repartir. Y el nuevo asiento ocupado se llamó LETES, un clásico de décadas pasadas y que se quiso instrumentar como nuevo antibiótico, contra el aplastante avance del dólar. A todo esto, un nuevo competidor en querer aspirar la escasa liquidez no tenía que caer de modo favorable en el circuito del riesgo. Y no lo hizo. Se desarrolló una rueda que tuvo un primer calificativo, derivado del paupérrimo ritmo: acurrucada en sus negocios.
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Un total de 23 millones de pesos, pero descontando casi $ 8 millones de CEDEAR totalizan no más de siete millones de dólares para los títulos privados. Un día que contuvo todos los elementos para ser rueda triste, agregándose una marcha de protesta que eligió (de un modo totalmente equivocado y como postal de un pasado de actividad de peso, que no existe) el edificio bursátil como símbolo de poderío económico. En verdad, los de la Bolsa debían haberse agregado a la marcha de carenciados...
La figura de un mequetrefe de pocos kilos, livianito y endeble en sus energías, es lo que resultó la rueda de ayer pasada a un dibujo. Este hombrecillo temeroso reconoció un nuevo enemigo -en las Letras-mientras se encogió a la manera de un dólar, que se tomó un respiro. Mínimo del Merval en «395», reflotando un poco hasta cierre de «403», un reavivarse que también pasó por el camino del dólar. Cierre totalmente desvaído y con operaciones muy magras.
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