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Los depósitos a la vista se han estabilizado, y las principales fuentes del drenaje de depósitos son los amparos. Aún así, el Congreso amenaza posponer o eliminar la indexación de los préstamos, y prohibir la ejecución de activos durante seis meses, dos medidas que resultarían devastadoras para devolver cierta cordura a los balances de los bancos, y que exigirá otra compensación por parte del gobierno.
La economía se encuentra altamente necesitada de un sistema financiero, aunque más no sea uno imperfecto. Las medidas del gobierno han conducido a una lenta sentencia de muerte para todos los bancos, con el interés explícito de evitar el costo político de cerrar algunas instituciones con un pasado turbulento y un futuro dudoso. Standard & Poor's considera que el gobierno no puede posponer un cambio de estrategia por mucho más tiempo, que deje al sistema con ganadores y perdedores claramente definidos. Aunque es muy tarde para seguir el camino de las autoridades uruguayas, la lección general que se encuentran enseñando a sus vecinos de Argentina es que, a costa de concentrar los problemas en un conjunto de bancos en dificultadas, luego del shock inicial, comenzará un proceso de fuga a la calidad, y los bancos que sobrevivan retornarán finalmente a flujos de fondos positivos, lo cual marcará el fin del la crisis sistémica y sólo quedará la tarea de limpiar los escombros.
¿Cómo puede Argentina comenzar a tomar este sendero luego de la destrucción impuesta al sistema bancario? Un camino sería eliminar totalmente las restricciones a los depósitos transaccionales en las instituciones que cuentan con mejores posibilidades de sobrevivir, y mantenerlas en aquéllas que deberían haber sido suspendidas, pero no lo fueron por razones políticas. Aunque probablemente exigirá de asistencia inicial, finalmente comenzará el proceso de fuga a la calidad que es absolutamente necesario para evitar la destrucción total del sistema. Así, existen buenas posibilidades de que ciertos bancos logren un equilibrio que les permitirá devolver los depósitos reprogramados sin ayuda. Para los bancos restantes, el mantenimiento de las restricciones asegura una fuga a la calidad ordenada, la cual se verá parcialmente financiada con redescuentos mientras se halla una solución final a sus problemas, sin descartar una eventual liquidación.
Por supuesto, continuará habiendo problemas durante varios años. La cultura crediticia se ha visto devastada y se tendrá que reconstruir completamente; la confianza de los depositantes será difícil de recobrar; mientras no finalice la reestructuración de la deuda soberana, no existirá financiamiento de mediano plazo; el crédito se dirigirá a las grandes compañías y continuará viéndose restringido para la pequeña y mediana empresa; los bancos tienen capacidad ociosa y continuarán despidiendo personal y cerrando sucursales con el fin de alcanzar un costo operativo sustentable; y la necesidad de mantener alta liquidez limitará el volumen de fondos disponibles para préstamos.
Standard & Poor's considera que tal vez parte del sistema pueda salvarse, pero el doloroso proceso de reconstruirlo no puede esperar. Ya ha llevado mucho tiempo.
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