Edward Whitacre, CEO y Chairman de General Motors.
El golpeado fabricante de automóviles estadounidense General Motors (GM) presiona a fondo el acelerador en su proceso de saneamiento.
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El jefe de GM Edward Whitacre apuntará directamente a Opel, Saab y también intentará por segunda vez deshacerse completamente de su negocio de autopartes. Es que tiene un ambicioso objetivo: ya para este año quiere volver a registrar ganancias.
"Mi pronóstico es que lo lograremos", aseveró hoy Whitacre ante periodistas estadounidenses. Esto sería una sorpresa, ya que durante cinco años el gigante automovilístico acumuló pérdidas y por eso entró en proceso de insolvencia en 2009.
Para la filial deficitaria sueca Saab comenzó una última ronda en su lucha por la supervivencia: el fabricante de automóviles deportivos holandés Spyker mejoró todavía su oferta de adquisición. Según reportes de los medios, hay varios inversores con ofertas de "último momento".
Sin embargo, Whitacre ya no espera que se concrete una operación. Durante los últimos 20 años, Saab presentó pérdidas como filial de GM prácticamente sin excepción.
En el caso de Opel, los jefes del consorcio y el comité de empresa se reunirán la próxima semana para deliberar sobre el futuro. GM reclama del personal una reducción de sueldos que permita un saneamiento de 265 millones de euros anuales (unos 380 millones de dólares).
GM se propone reducir en Opel y Vauxhall en Europa 8.150 de los alrededor de 48.000 puestos de trabajo. Para el saneamiento, la empresa reclama ayudas de 2.700 millones de euros (más de 3.800 millones de dólares) de los países europeos afectados.
En tanto, el proceso de venta del negocio de autopartes comenzará de inmediato, anunció GM, sin dar a conocer cuánto espera ingresar por esta operación.
GM precisa fondos de modo urgente, para poder devolver los 6.700 millones de dólares que debe al Estado, luego de que el gobierno de Estados Unidos salvara a la empresa de la quiebra.
Los 6.700 millones de dólares no forman parte de los 50.000 millones que el gobierno norteamericano inyectó en el grupo a cambio de participaciones por un 60 por ciento en la compañía.
A mediados del año pasado, GM debió volver a asumir parte de su negocio de autopartes, ante la insolvencia de su ex filial Delphi, con la que GM aún tenía obligaciones.
Tras un nuevo inicio, Delphi se concentra en electrónica, motores y repuestos. GM tomó el negocio de sistemas de dirección hidráulicos y eléctricos, que desde entonces funciona bajo el nombre de Nexteer.
En Nexteer trabajan 6.200 personas en 15 plantas en Norte y Sudamérica, Europa y Asia. Entre sus clientes se cuentan junto a la propia GM también Fiat, Ford, Toyota, Chrysler, Peugeot y Citroën.
Los proveedores tienen sin embargo mayores dificultades en acceder a los clientes si están vinculados con una empresa automotriz, ya que la competencia teme que se ventilen secretos empresariales.
GM separó su negocio de autopartes en 1999, pero permaneció como el principal comprador. De esta manera, los problemas de ventas de la ex casa matriz impactaron también fuertemente en Delphi, que en octubre de 2005 se vio obligada a declarar la insolvencia.
Recién en septiembre pasado, tras un duro saneamiento, Delphi logró recomenzar. Entretanto, la propia GM cayó en la bancarrota.
Aún es incierto si Whitacre acompañará el saneamiento hasta el final. Sin haber cumplido un año en el puesto, su antecesor Fritz Henderson presentó su renuncia en diciembre pasado, y Whitacre asumió temporariamente el cargo.
El año pasado, las ventas de GM en el mercado local se desplomaron un 30 por ciento, y de esta manera más que las de cualquier otro fabricante. Sin embargo, hacia final de año la situación evidenció mejoras.
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