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12 de julio 2002 - 00:00

La esperanza requiere cambios

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La única forma de sostener -con esfuerzo-expectativas positivas en las actuales circunstancias consiste en evitar una proyección lineal de las tendencias vigentes. Si hiciéramos eso, la penumbra se transformaría en densa oscuridad. Hay que im-pulsar un cambio de tendencia y para esto es indispensable cambiar las ideas que han prevalecido en los últimos meses, que por desconfianza en la economía de mercado y por complejo de inferioridad ante las reglas de juego de la competitividad global, predicaron (y practicaron) diversas modalidades del aislacionismo. Así estamos.

Hoy está claro que esas prevenciones y esas ideas son otra cara de la decadencia. Y, lo peor de todo, un rostro inconsistente. Porque la historia demuestra que a la Argentina no le fue mal insertándose en el mundo, sino todo lo contrario.



Puede decirse que ello ocurrió porque el país buscó y halló un lugar funcional en ese orden internacional y dio con un buen esquema de complementación con las naciones más influyentes, explotando sus ventajas comparativas.

La Argentina actual debe reencontrar su espacio en la globalización del siglo XXI, que es la realidad en la que debe desarrollar su existencia. Para ello debe abandonar el aislacionismo y debe explotar al máximo las cadenas de valor ligadas a aquellos sectores en los que puede convertir ventajas comparativas en ventajas competitivas. Debe, asimismo, abrirse a la inversión (que permite desarrollar trabajo argentino e incorporar rápidamente tecnología de punta), particularmente en aquellos sectores en los que puede aprovechar capacidad instalada, cultura industrial establecida y posibilidad de sustituir eficientemente importaciones.



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