No fue una jornada fácil. Basta considerar que una hora antes del cierre el Dow retrocedía 0,54% y que terminó avanzando 0,73%, a 11.229,02 puntos. Como ha venido ocurriendo, el mercado le prestó poca atención a las noticias y se movió por otras razones. Así, el anuncio de que las ventas de Wal-Mart habían crecido en junio un impresionante 5,8% ni siquiera benefició a la involucrada, que terminó retrocediendo 0,8 por ciento (los consumidores se están volcando masivamente hacia las tiendas de descuento). Algo similar ocurrió con la novedad de que Dow Chemical adquiría Rohm & Haas en u$s 15.400 millones, y que como suele ser en estos casos derivó en el retroceso de la compradora y la suba de la comprada. La macro brindó el dato sobre pedidos de seguro de desempleo, que estuvo en línea con lo previsto, por lo que no aportó demasiado. Podría pensarse que el repunte que tuvo el precio del petróleo avanzando (hacia el fin de la sesión) 4,1% a u$s 141,65 por barril golpearía -como es costumbre- a los inversores, pero no pareció importar más allá de la suba (3,1%) que deparó al sector petrolero.
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Los papeles financieros siguieron perdiendo terreno (0,5%), reflejando la incertidumbre que sigue rodeando a las agencias del gobierno (Freddie Mac y Fannie Mae se desplomaron 22% y 15%, respectivamente), mientras lo peor de la jornada pasó por AIG, que se desplomó 8,2 por ciento; y lo mejor, por Alcoa, que saltó 9,7 por ciento (los chinos reducirán la producción de aluminio). Si bien muchos culparon a los problemas en Nigeria por la suba del crudo, no menos importantes fueron las nuevas pruebas misilísticas iraníes.
Con George Bush de salida (cualquier medida militar contra Irán debiera ser pronto), Barack Obama dispuesto a entablar conversaciones incondicionales con Irán (a disgusto de los israelíes), Ehud Olmert con gran chance de perder su puesto en septiembre, y el Mahmud Ahmadinejad con problemas económicos y enfrentando elecciones el año que viene, tenemos gobiernos débiles en Washington, Tel Aviv y Tehrán, lo que no parece una buena fórmula para que triunfen la razón y el diálogo.
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