El subsecretario Pyme, Federico Poli, junto a industriales y empresarios en el 1er. Foro Nacional de la Industria (arriba). El ministro Roberto Lavagna y el titular de la UIA, Héctor Méndez (abajo).
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El ministro no es querido en el agro por las retenciones, ni por las privatizadas por los congelamientos, ni por los gerentes por el impuesto «al cheque», ni por los sindicalistas -aunque aquí sea un mérito- por los apaciguamientos. Por eso, sin abandonar su habitual arrogancia, Lavagna buscó achicar enemigos y defendió el actual dólar alto, un concepto no frontalmente criticable pero que depende del enfoque que se le quiera dar al proceso económico, qué país futuro se quiere y para beneficiar a quiénes.
Más claro que el Foro Industrial de Córdoba -y sin buscar amigarse con nadie- fue la encuesta simultánea de IDEA que marcó que 47% de las firmas apoya este dólar alto, contra 32% que lo quiere en $ 2,50 (21% no sabe). Es significativo porque no olvidemos que ni en el nivel de IDEA -ejecutivos de empresas- ni en la Unión Industrial tienen preponderancia las pequeñas y medianas empresas (pymes), ni el comercio, ni los servicios. Pero de todos estos sectores, no relevantes ni en IDEA ni en la UIA, depende 80% de la fuerza laboral. Del agro, que tampoco está allí, 55% del ingreso de divisas.
Por supuesto que la línea industrial de Techint, gravitante en la Unión Industrial, impulsa un dólar alto como si la Argentina fuera China. Fuerte exportador con salarios internos deprimidos, en términos reales, acumula divisas que le permiten diversificarse pero en el exterior, no aquí donde las obtiene. Por eso compra una acería en México con el mismo dinero que podría haber adquirido aquí Loma Negra, ex de Fortabat, y evitar que se desnacionalizara la principal cementera del país. No es cuestión de caer en nacionalismos pero la expansión de un capital nacional que se consolide tiende a concentrarse más en el mismo país hasta el nivel que la diversificación internacional se la imponga el comprensible riesgo.
Un dato refleja la situación actual. El PBI hoy es prácticamente igual al de 1998 (en pesos actualizados). Pero con la diferencia que antes había 20% de pobreza y hoy supera 40%. ¿Qué pasó? Simplemente que las empresas -industriales básicamente y no todas- son las que ganan más con el dólar alto. Pierden los asalariados en blanco y en negro. La distribución del ingreso empeoró contra la teoría del ministro de que el dólar alto no equivale a salarios bajos. Claro, Lavagna formó su «heterodoxia» junto a Miguel Revestido y su famoso «control de precios» desde 1972. Lástima que aquella «heterodoxia» debió salvarse con el terrible «rodrigazo» en 1975.
Esto lleva a la gran falla que tiene el esquema del gobierno y de Lavagna. No se asegura empleo y se torna difícil bajar el índice de desocupación de 16%, que significan casi 3 millones de argentinos que reclaman ganarse el pan.
Las pymes, las que realmente crean trabajo, se benefician con el proteccionismo de un dólar alto pero no pueden avanzar hacia la eficiencia competitiva y crecer porque les es difícil evolucionar dado lo costoso que les es importar una máquina. O la imposibilidad de abandonar el sector «negro» de la Economía a riesgo de quebrar, aunque con ello sacrifiquen a millones de argentinos sin cobertura social alguna.
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