Partió el ministro de Economía en un viaje a Washington sin invitación y sin que nadie apostara dos centavos al éxito de su gestión. Sin embargo logró lo impensado. Primero que lo recibieran los máximos dirigentes del gobierno de Estados Unidos, del Fondo Monetario y del BID. Inclusive algunos altos directivos mundiales suspendieron el inicio de sus vacaciones estivales en el Hemisferio Norte para oírlo. Es cierto que Roberto Lavagna comenzó tibiamente su gira por Estados Unidos el miércoles con una reunión de banqueros, aunque importante, en Nueva York, y que cuando el jueves llegó a la capital del país del Norte, lo acompañaban las imágenes televisivas dramáticas de los sucesos con 2 muertos «piqueteros» en Avellaneda. Todo el tecnicismo y las posturas de los más duros funcionarios internacionales se frenan cuando existe la posibilidad de que sus exigencias e intransigencias puedan ser acusadas de fomentar víctimas. No sólo eso, en Estados Unidos los servicios secretos suelen conocer el contenido que tendrán los editoriales de los principales diarios que se elaboran con anticipación y se sostiene que los funcionarios conocían el muy fuerte que sobrevendría en el poderoso «The New York Times» advirtiendo el riesgo de endurecerse tanto que en esta particular época se puede incendiar a Latinoamérica (ver nota vinculada). Pero, así y todo, el impacto de Lavagna que lo empina sorpresivamente en una gestión ministerial hasta ahora trastabillante fue que les facilitó una salida a los preocupados funcionarios de organismos y de EE.UU. No propuso un «acuerdo ya», con el Fondo sino la postergación de los vencimientos inmediatos de deuda argentina con organismos mundiales que le hubieran reducido a mediados de julio sus escasas reservas en 1.700 millones de dólares. Logró la promesa de la postergación, aun cuando reglamentariamente será más difícil de lograr en el BID y simple decisión en el FMI. Sin esos vencimientos, sin tal apremio, negociar un acuerdo llevará más tiempo pero se puede asentar en bases más sólidas por mejor meditadas. Por eso esta misma semana vendrá otra misión técnica -y no negociadora del acuerdo final- del Fondo y sin que tal arribo menoscabe a la Argentina o aliente temores cambiarios. Es lo principal de Lavagna. Lo mejor. Lo demás complementa, como la «comisión de notables» -son realmente notables como Paul Volcker, ex titular de la Reserva Federal o Hans Tietmeyer, ex Bundesbank- que arbitrará entre propuestas de una solución monetaria para el país. No es un antecedente conocido en el Fondo, por lo menos no de actuación tan abierta, y debe considerarse también un logro del actual titular de Economía de la Argentina. Que le hayan reconocido cierta razón en «sus números» contra los de los técnicos del Fondo también es bueno y redondea el conjunto de evidente mejora de la economía argentina aunque no la eximirá de gobernar con seriedad el país, como hasta ahora no ocurre. Y un extra para Lavagna: dejó divididos en «duros descolocados» y «duros razonables» a altos funcionarios de las finanzas mundiales.
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Así, cuando el viaje del ministro por EE.UU. parecía hasta el jueves pasado otra misión sin sentido, entre el viernes y el sábado el rumbo se dio vuelta y Lavagna logró volver al país con importantes novedades: Informate más
Este giro era impensado el jueves, cuando Köhler había dicho que estaba «decepcionado y sorprendido» por la lentitud del gobierno argentino para realizar la reforma bancaria. Pero desde dos frentes intervinieron presionando al Fondo para destrabar las negociaciones. Por un lado, el titular del Tesoro norteamericano,
Las presiones del Departamento del Tesoro de EE.UU, las opiniones de altos directivos de entidades como el Citigroup y hasta del propio titular de la Comunidad Europea,
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