Hay dos razones. Una es el persistente escepticismo sobre la estabilidad del euro en la era del terrorismo mundial y las perspectivas económicas. Las dos economías pilares del euro, Alemania y Francia, sentaron recientemente un terrible precedente para los miembros más pequeños de la Unión Europea al no respetar los límites de déficit presupuestario. ¡Imaginen lo que economías más pequeñas podrían intentar hacer entonces!
Dos, tener activos en dólares permite a los bancos centrales de Asia evitar lo que asusta a los gobiernos: un dólar en baja.
Las economías y empresas europeas han estado sufriendo las consecuencias de las enormes ventas de yenes de Japón.
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