En este momento no importa cómo ni por qué, lo que importa es que el mercado gane terreno, y ayer lo hizo. Lo hizo a pesar de las pésimas noticias. El martes tuvimos un índice de confianza de los consumidores que llegó por debajo de lo esperado por los analistas, y un PMA aún peor.
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Ayer tuvimos los datos del PBI del tercer trimestre que mostraron una economía que cada día crece a un ritmo más lento y la revisión a la baja de los números del año pasado. Sin embargo, el Dow ganó 0,65% al cerrar en 8.736,59% y el más importante S&P 500 para definir esto de si estamos en un mercado bajista o uno alcista, trepó 0,98% (el NASDAQ que está caminado por otra senda en estos días retrocedió 1,19%, con un volumen cada vez menor). Es cierto que se sintió el golpe de los malos datos de la economía, pero también que el la última hora, sin que verdaderamente existieran razones objetivas, y casi como de la nada, un minirrally permitió a los índices pasar del lado ganador. Es claro que todavía no podemos hablar de un mercado alcista, y que si se quiere cada día tenemos menos señales de ello, peor es la propia resistencia del mercado lo que justifica el optimismo de muchos. Claro que tampoco es prudente olvidar que de no ser por lo sucedido en estas tres ruedas, estaremos cerrando el peor mes para el mercado desde los atentados terroristas del año pasado, en lugar de lamentarnos por "apenas" una baja de 5,48% en las blue chips y 9,33% en los papeles tecnológicos. Lo mejor sigue siendo optar por la prudencia, y esperar que la suba siga. Normalmente uno ruega por las subas por motivos egoístas, esta vez porque está íntimamente relacionada con las elecciones, la imagen del presidente Bush y la posibilidad o no de más guerras en Medio Oriente. Informate más
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