Alberto Fernández, en nombre de Cristina de Kirchner, presentó ayer en Casa de Gobierno el elenco que la escoltará desde el 10 de diciembre, que contará con cinco ministros «nuevos» pero, como herencia ganancial, mantendrá a siete que integran el staff de Néstor Kirchner, entre ellos Alberto Fernández y Julio De Vido.
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Temerosa de que las esquirlas de las refriegas internas del kirchnerismo la lastimen antes de jurar como presidente, la primera dama aceleró un anuncio que originalmente estaba pautado para la semana próxima.
El retoque último se le dio ayer apenas paró la ráfaga de flashes y David Nalbandian se despidió de sus anfitriones en la Casa Rosada, Néstor y Cristina Kirchner. Sólo faltaban detalles: a esa hora, luego de tres días de análisis encriptado, el recambio de ministros estaba listo.
Todo un símbolo: mientras el matrimonio posaba con el tenista, afuera, ansiosos, esperaban su turno Juan Carlos Tedesco y Lino Barañao. Un rato más tarde, los dos salieron de Balcarce 50, como futuros ministros: uno de Educación; el otro de Ciencia y Tecnología.
Menos densa fue la amansadora para Martín Lousteau. Había pasado por la Casa Rosada el lunes donde, por boca de Alberto Fernández, escuchó la oferta de convertirse en sucesor de Miguel Peirano. Ese mismo día, a Graciela Ocaña la tentaron para ir a Salud.
Ritual
Florencio Randazzo, el quinto de los «nuevos», también conoció temprano su destino. Ayer participó del ritual del llamado de la electa, con ofrecimiento y aceptación, pero el ministro bonaerense había sido notificado de antemano sobre su aterrizaje en Interior.
- ¿Te gusta? ¿Te parece que va a gustar? -la presidente le preguntó a Fernández sobre la medianoche del martes, en Olivos.
- Si: hay caras nuevas y además tienen experiencia -la consoló el jefe de Gabinete.
Una vez más, los Kirchner pusieron a prueba la fidelidad y secretismo de sus soldados. Con excepción de Lousteau y la designación de Tedesco --figuraba como candidato junto a Alberto Sileoni-, el resto de las designaciones sobrevivieron a las filtraciones.
En rigor, el «día D» fue el martes: a las tres de la tarde, el jefe de Gabinete se encerró en Olivos con la presidente electa para «peinar» la lista final. Kirchner permaneció en la Casa Rosada.
- Presidente: ¿Alberto no estará mucho tiempo con Cristina? -lo provocó un colaborador.
- Sí. Que se case con ella así me la saca de encima --respondió, guiñando un ojo, el patagónico.
El operativo no pudo escapar a las conspiraciones de entrecasa y a los lamentos. Hasta última hora, Alberto Fernández trató de dinamitar la continuidad de Julio De Vido. No lo logró y la noche del martes andaba cabizbajo. De Vido sigue; su equipo también.
En rigor, la pulseada brutal entre Fernández y De Vido, el Boca-River del kirchnerismo, fue lo que precipitó el anuncio del gabinete que desde el 10 de diciembre escoltará a la primera dama y que, en 50%, es heredado de la gestión de su esposo.
Fernández fracasó en la embestida para voltear o, siquiera ponerle fecha de salida a De Vido, pero como contraprestación fue el promotor de los cinco que llegan. El jefe de Gabinete no se entrega: ayer mismo, a su lado, hablaban de un recambio en marzo.
Hay que escuchar las explicaciones de la senadora. «Estamos en medio de un proyecto energético, uno de viviendas y otro vial. El conoce. Trabaja 16 horas por día. Y lo hace bien. Tiene que seguir», enumeró argumentos la primera dama para que Fernández no se deprima.
Definición
«Jóvenes y con experiencia de gestión», fue la definición que abrazó el gobierno para explicar los arribos mientras que defendió el concepto de continuidad para justificar las permanencias. Además de De Vido y el Fernández porteño, siguen Jorge Taiana, Alicia Kirchner, Carlos Tomada, Nilda Garré y, en otra oficina, Aníbal Fernández.
Un escalón más abajo, dos fieles custodios de Kirchner, seguirán con su esposa: Carlos Zannini, en Legal y Técnica -que cuida la firma del Presidente- y Oscar Parrili, que perdura como secretario general de la Presidencia. También el vocero Miguel Núñez.
Cada movimiento tiene su lógica. Así como la permanencia de De Vido, que garantizó Kirchner en persona, fue resistida -y facturada- por Fernández, otras continuidades están destinadas a evitar espasmos en los primeros meses de la gestión de la senadora.
El caso Tomada es sintomático. Cualquier movimiento en Trabajo, en medio de la pulseada entre De Vido -aliado a los gremios-con Hugo Moyano postulando a Héctor Recalde, y Fernández que animaba a Héctor Capaccioli, hubiese tenido efectos nocivos para la presidente.
Tomada, en cambio, parece garantizar cierto equilibrio. Es bien visto por los sindicatos -fue, durante años, abogado de gremios-demostró muñeca para la negociación y, además, tiene diálogo fluido con Fernández.
Zannini y Parrili, además de lealtad, garantizan funcionalidad a la electa. Alicia Kirchner permite retener bajo el puño familiar el manejo de la sensible área social y Garré, bombardeada, logró «surfear» la ola de los cambios casi por fortuna.
Taiana, suspiró hondo, cuando se enteró que seguía. Los días previos anduvo temiendo una novedad imprevista: dicen que llegó a su oídos que Néstor Kirchner no está del todo conforme con lo ocurrido con Uruguay y, con razón o no, descarga imputaciones sobre el canciller.
El caso Aníbal Fernández, a quien se consideraba en retroceso, tiene impacto propio: se muda con todas las fuerzas de seguridad a Justicia y, como en su momento Juan José Alvarez, queda al frente de un superministerio uniformado.
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