Por Ariadna Somoza** Las buenas noticias sobre la evolución de la economía en los últimos 10 años siguen surgiendo, a pesar del cerco mediático que los medios hegemónicos, sabemos, intentan generar. Una de las últimas difundidas recientemente fue el crecimiento de la industria de máquinas y herramientas. La misma creció entre diciembre de 2002 y 2013 un 148%, lo que implica alrededor de un 36% de la participación de la producción nacional en el consumo aparente. Para algunos puede ser un indicador poco relevante, pero analizando estos números, en contraste con los que arrojan otras épocas, podemos dilucidar el trasfondo político en cuestión.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tal como afirmaba Jorge Schvarzer en su exposición en el 30 aniversario de la revista Realidad Económica celebrado por el IADE, allá por el año 2000: "Desde el '76 en adelante, desaparecieron sectores clave como la electrónica, una parte decisiva de Máquinas Herramientas -que poseía una importante capacidad instalada, era portador de tecnología y había comenzado a exportar-, un sector sustancial de la Metalmecánica -en particular, fundición y autopartes- y casi la totalidad de la industria textil. Sus epitafios se leen en los diarios todos los días. Se rematan los galpones y las máquinas, en condiciones insólitas. Un galpón se consigue a la tercera parte de lo que cuesta su construcción y se venden máquinas relativamente nuevas al 10 por ciento de su valor". Siguiendo las palabras de este estudioso de nuestra industria, podemos observar cómo estos datos que mencionábamos al principio van en sentido totalmente opuesto al camino de desindustrialización iniciado en 1976 con la última dictadura militar, y profundizado por los siguientes gobiernos democráticos hasta 2003. Teníamos una industria que no sólo producía sino que además exportaba productos de calidad y no, tal como nos quisieron hacer creer con spots televisivos, sillas que se rompían. Con trabajo argentino. Eso fue justamente lo que se quiso desterrar: el trabajo. Sin trabajadores en las fábricas, se acababa el problema sindical.
El sector de máquinas y herramientas resulta fundamental para el desarrollo de la industria en su conjunto. Muchas veces se habla de la "industrialización liviana" y de la "industrialización pesada", destacando la importancia de esta última para poder saltear los ciclos de estancamiento y el cuello de botella que significa tener que importarlos con dólares de los que actualmente no disponemos. Por eso es importante destacar este crecimiento de casi el 150% del sector, en un contexto en el que la reindustrialización es un hecho desde hace 10 años.
Este sector está integrado por 110 empresas de distinto tamaño, y emplea alrededor de 2100 personas. No sólo abastece el mercado interno, sino que además exporta a países como Brasil, México, Venezuela, Chile, Estados Unidos y Reino Unido. Es un sector claramente en expansión, y resulta fundamental para el afianzamiento de un modelo industrial en el largo plazo.
Es en esta dirección que se acorta la brecha con las proyecciones de Schvarzer, cuando se refería a un futuro que hoy es presente, en la conferencia ya citada: "La reactivación de la actividad industrial no puede imaginarse a partir de meras estrategias coyunturales de recuperación de la capacidad ociosa. La desarticulación industrial es tan grande que buena parte de la producción depende de la importación de materias primas del exterior. La Argentina ha dejado de fabricar bulones. Hace falta crear nuevas fábricas y nuevas empresas, una estrategia drástica a nivel macroeconómico que deje claro que el objetivo de la política es recuperar y mejorar la capacidad de producción industrial. Estamos discutiendo con un paradigma ortodoxo, monetarista, que sostiene que si se equilibra el presupuesto, después alguien se pondrá a fabricar bulones. Esto es un absurdo".
Hoy ha quedado claro que, sin la real intervención y planificación del Estado, ese alguien que se ponga a producir bulones no existiría. El mercado en la economía no se regula solo, como afirma el paradigma ortodoxo, sino que requiere un proyecto político y un Estado con herramientas de política macroeconómica para canalizarlo y orientarlo. Hoy esto resulta evidente, con el orgullo de lo realizado y el desafío de lo que vendrá. Hace 14 años Schvarzer lo soñaba. Hoy se empieza a hacer realidad.
**Socióloga integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)
Dejá tu comentario