La baja en las tasas de interés comenzó a traducirse en una mejora de la competitividad para las empresas. En los últimos doce meses avanzó 45%, por ejemplo, en el sector petrolero. Es un dato alentador para la industria que, tras haber crecido en promedio 20% en un año, mantiene estable su nivel de competitividad a pesar de la devaluación.
En el sector productor de autos y autopartes el uso de la capacidad instalada pasó de 12% a 25% en dos años, y si bien aumentó fue sustancialmente menor al presentado por el sector productor de refinados del petróleo.
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