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13 de noviembre 2008 - 00:00

Moyano reúne a su tropa para evitar estallido anti-K

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Hugo Moyano
Custodiado por un ejército de abogados, Hugo Moyano tratará esta tarde de apagar el incendio en que se convirtió la CGT el martes cuando, como una maldición india, trascendió el fallo de la Corte Suprema que clausuró medio siglo de monopolio sindical.

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A las 15, en el histórico edificio de Azopardo al 800, el camionero enfrentará a la cúpula cegetista y buscará, con el soporte dialéctico de Héctor Recalde, trasmitir que la dimensión de la resolución cortesana no significa, como parece, la caída de un imperio.

Se pondrá, de todos modos, al frente de la «resistencia» gremial contra la medida judicial pero mostrará como pieza propia la promesa oficial de que el gobierno será su « aliado», o socio necesario, para impedir que se desmadre el sistema sindical.

Moyano, que minimiza el alcance del fallo, se topará con un panorama devastador: el cacicazgo gremial vive un carnaval de pánico al presentir que comenzaron a vivir los últimos días de un esquema verticalista predestinado a la continuidad de sus dirigentes.
Pero, además de tratar de inyectar algo de calma, el jefe de la CGT deberá despejar las sospechas sobre una «mano oficial» en la resolución de la Corte que habilitó la libertad sindical en el primer escalón de la estructura piramidal de los sindicatos: los delegados de empresa.

Tiene un «speech» específico: insistirá con que la medida refiere sólo al ámbito estatal, que está lejos de poner en duda la vigencia de una sola central sindical y mayoritaria -citará la página 21 del dictamen-y, como alerta, caotiza el proceso de elección de delegados.

Este punto es usado por la CGT para sumar la adhesión de las centrales empresariales con el argumento de que la fragmentación de los gremios volverá inmanejables las empresas, punto que también sirve como amague para la Casa Rosada en momentos de sacudoneseconómicos.

Al margen, invocará la palabra de Carlos Tomada -un viejo conocido de la casa-y, si el auditorio está ordenado, de Néstor Kirchner, respecto de que el gobierno «interpreta» el fallo de la Corte de manera aislada y, sobre todo, que nada tuvo que ver en su gestación.

Ayer, por lo pronto, martilló sobre esa postura formal del gobierno el ministro del Interior, Florencio Randazzo: «Cometeríamos una imprudencia en extrapolar esta situación a todos los casos», dijo para endulzar los oídos de caciques inquietos.

  • Descarnado

    ¿Repetirá, ante una defensa de Moyano, el metalúrgico Juan Belén que «el expediente lo movió» Esteban Righi (jefe de los fiscales) como le dijo ayer a la prensa? El número dos de la CGT es un vocero descarnado y, como tal, denunció « intencionalidad política» activada desde la Casa Rosada.

    -¿Desde el gobierno nacional? -se lo interrogó.

    -Por supuesto: no sabría decir de qué nivel del gobierno, pero no hay dudas que hubo mala intención política. Trasnochados que no se dan cuenta del respaldo que el sindicalismo le ha dado a este gobierno.

    -¿Usted habla de una acción planificada?

    -Claro: la mano macabra que planeó esto, para infectar al gremialismo, lo hizo muy bien: estamos ante un hecho consumado y ya no tenemos nada que hacer. No tiene retorno... salvo que salga algo del Poder Legislativo.

    Abrazado al apunte que le escribió Recalde, Moyano buscará la complicidad de los «gordos» y los « independientes» para descomprimir la presión. Con éstos deberá hablar de otros asuntos: por caso, sobre la designación de Juan Rinaldi como sucesor de Héctor Capaccioli (ver aparte).

    Rinaldi, que desembarcó en la APE con el patrocinio del camionero, ascendió ayer a «la Super» -modismo que es más que un apócope-pero, se lo compute Moyano como propio o no, su nombramiento responde a lógicas que exceden el rompecabezas sindical.

    En cambio, son costo puro para el jefe cegetista sus alabanzas sobre la inexistencia de daños en el circuito laboral, cuando los caciques de cada rubro faxearon panoramas críticosen sus sectores. La defensa cerril de Moyano sobre el gobierno despertó, como mínimo, curiosidad.

    Corte-Rinaldi-cero crisis es el circuito que, de inmediato, se trazó en círculos sindicales quejosos del camionero.

    En ese contexto agitado, Moyano tendrá que frenar las propuestas para marchar a la Corte o, la más puntual, de convocar a los diputados y senadores del PJ para que voten una ley que maquille lo actuado por la Justicia.

    En el tumulto, podría filtrarsealgún reproche para Ricardo Lorenzetti, uno de los jueces que votó el fallo, a quien se lo cuestiona por «conocer el funcionamiento gremial» -fue abogado de la UOM en Rafaela-pero, así y todo, aprobar una medida que « caotiza el modelo».

    Con Omar Viviani como escolta, Moyano enfrentará hoy a Andrés Rodríguez (UPCN), Armando Cavalieri (Comercio), José Pedraza (Unión Ferroviaria) y Oscar Lescano (Luz y Fuerza), con quienes en su tiempo se han toreado mutuamente por los avances sobre democracia sindical.

    El moyanismo, por caso, les factura a los «gordos» que durante el mando de Rodolfo Daer en la CGT oficial se descuidó el frente internacional y eso permitió un avance de la CTA en la OIT que derivó en una ráfaga de advertencias que sirvieron de argumento a la Corte.

    Del lado de enfrente, le han devuelto el misil y se regodean, con saña, que Moyano podría pasar a la historia por ser el dirigente que conducía la CGT cuando ésta perdió su condición de única central sindical. Como en un matrimonio en crisis, se reabren viejas heridas.
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