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La entrada de confecciones textiles procedentes de China al mercado mundial se disparó desde el 1 de enero de este año, cuando se eliminó el sistema de cuotas que había estado en vigencia durante 30 años.
En Estados Unidos, el acusado descenso en los precios de muchas prendas que produjo la entrada masiva de productos chinos creó una situación crítica para la industria textil, que se queja de que no puede competir con la avalancha de productos producidos por una mano de obra mucho más barata.
«En nuestras numerosas consultas con la industria textil y miembros del Congreso hemos recibido peticiones muy claras para que adoptemos un enfoque más amplio hacia el comercio textil con China», dijo
En las conversaciones, que se iniciaron ayer y terminan hoy, en un hotel de San Francisco (California), también participan representantes de los departamentos estadounidenses de Trabajo, Tesoro y Estado. La industria textil estadounidense señala que el aumento de las importaciones chinas ha supuesto el cierre de 19 plantas y la desaparición de 26.000 puestos de trabajo durante este año.
Ante esta situación, la administración del presidente George W. Bush volvió a imponer cuotas en algunas categorías de ropa, incluidos pantalones, camisas, ropa interior y medias. Pero la industria desea que las cuotas alcancen a más categorías de productos. Las restricciones a las importaciones que pide la industria textil significaríanque los consumidores estadounidenses tendrían que pagar más por las prendas, unos u$s 6.000 millones al año, según algunos cálculos. Esta cifra dependerá, no obstante, de los términos del acuerdo que ahora empieza a negociarse.
Por el momento, los negociadores estadounidenses no han revelado qué es, concretamente, lo que tratarán de conseguir de sus homólogos chinos.
La Unión Europea alcanzó en junio pasado un pacto con China que permite un crecimiento de 12,5% al año en la importación textil, un porcentaje que la industria estadounidense considera demasiado alto.
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