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8 de mayo 2013 - 20:21

Oportunidad, mérito y conveniencia

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Por Guillermo Hang (Economía del Bicentenario).- Tal fue la respuesta del Secretario de Comercio Interior ante la pregunta de por qué se decidió lanzar el proyecto de ley que crea instrumentos para canalizar las divisas ociosas a la actividad productiva. Dichas divisas pueden no estar declaradas por sus dueños y se permite el "blanqueo" si dichos dólares se destinan a la adquisición de bonos para inversiones en energía e infraestructura o de certificados para la compra de inmuebles.

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Los instrumentos son dos. El Bono Argentino de Ahorro para el Desarrollo Económico (BADE) se constituye como una opción de inversión que permite al tenedor de dólares incrementar el valor de su ahorro obteniendo un interés de 4% anual. Para hacer uso de esta opción, la persona que disponga de dólares (declarados o no declarados, en el país o en el exterior) debe acercarse a un banco y solicitar la suscripción al BADE. De esta forma, el ahorrista queda en posesión de un título que le otorga el derecho a cobrar intereses en forma semestral y el capital invertido al vencimiento del bono al cabo de tres años. El Estado Nacional destinará estos fondos a financiar proyectos de inversión pública en sectores estratégicos, como infraestructura e hidrocarburos.

Por su parte, el Certificado de Inversión (CEDIN) tiene por objetivo apuntalar la actividad inmobiliaria y de la construcción, constituyendo un medio de pago idóneo denominado en dólares. Para acceder al CEDIN, la persona que disponga de dólares (declarados o no, en el país o en el exterior) debe acercarse a un banco y solicitar la emisión de este certificado. Los dólares recibidos por el banco a cambio del CEDIN serán íntegramente transferidos al Banco Central de la República Argentina, donde permanecerán inmovilizados. Una vez emitido el certificado, el tenedor del CEDIN podrá realizar pagos para la adquisición, construcción o refacción de terrenos o inmuebles. Este instrumento es asimilable a un cheque, por lo que al ser transferible mediante su endoso permite su circulación a lo largo de toda la cadena de pago. Aquella persona que quiera hacerse de los dólares que el CEDIN representa, deberá acercarse al banco y, presentando el certificado y la documentación que avale que los fondos fueron aplicados a los fines antes mencionados, recibirá los dólares billetes correspondientes.

¿Es este un manotazo de ahogado, como quieren presentarlo desde la oposición? De ninguna manera, pues el proceso de desendeudamiento ha posibilitado que el Estado Nacional se encuentre en una posición de probada solvencia, con una dinámica envidiable a nivel internacional.

Sin embargo, se hace necesario generar o repatriar divisas para invertir en sectores estratégicos que generen exportaciones o ayuden a la competitividad del conjunto del entramado productivo en un futuro. El sector energético sería el mejor ejemplo. Más dólares hoy en manos de YPF significarán menores necesidades de dólares en un futuro para la importación de energía y mayores ingresos de divisas por las exportaciones que podría generar, por ejemplo, el yacimiento de Vaca Muerta.

De esta manera se podría evitar la tendencia crónica a la insuficiencia de divisas que generan las economías con estructuras productivas desequilibradas, pues a medida que crece la producción resulta indispensable incrementar las importaciones de insumos y bienes de capital. La alternativa consiste en conformarse con tasas de crecimiento del producto (y por ende, del empleo) muy inferiores a las logradas en la década 2003-2012. Aquí está el mérito de la medida.

Dado que el panorama mundial no presenta mejorías, el comercio internacional está estancado y nuestros socios comerciales demandan menos exportaciones argentinas. No es razonable pensar que las divisas necesarias para la inversión en infraestructura se puedan generar por esta vía. Ni siquiera devaluando un 40%, como sugiriera el presidente del Banco Ciudad.

Descartada la vía comercial, las alternativas usuales serían el endeudamiento en el mercado o con los organismos internacionales de crédito. En ambos casos, las condiciones suelen ser más ventajosas para aquellos países que siguen las políticas neoliberales que pregona el FMI. La Argentina siguió exitosamente otro camino y el "mercado" la castiga con un riego país que no refleja las condiciones fundamentales de la economía, pues si se generalizara la posición argentina se producirían grandes transferencias de riqueza desde el sector financiero a los estados. Con esta vía también cerrada, el "blanqueo" representa una oportunidad.

¿Es esta la mejor manera? Idealmente, no. Un "blanqueo" es discriminatorio contra aquellos que pagan sus impuestos debidamente. Eso lo sabe el gobierno, pero también sabe que a partir del "blanqueo", esos dólares que estaban ociosos (y difícilmente fueran a retornar al circuito formal) generarán efectos en la actividad y nuevos ingresos fiscales, beneficiando al conjunto de la población. Por eso mismo, no se trata de un "blanqueo" sin más, sino que está condicionado a que los montos aporten al desarrollo.

A su vez, es necesario recordar que a través de la historia, los argentinos han optado por apostar al dólar como refugio de las devaluaciones bruscas y los posteriores procesos inflacionarios, convirtiéndose este hecho en un rasgo cultural arraigado. De esta manera, se "fugan" del circuito económico divisas que son fundamentales para el desarrollo aún en épocas donde la dinámica económica no brinda razones objetivas para tal comportamiento. Aquí radica la conveniencia de tal medida, pues si bien puede generar rechazos de tipo moral, una mayor adhesión generará mayores efectos virtuosos sobre la economía.

Quedarán como puntos a evaluar cuál es el efecto sobre el dólar "blue" -en el cortísimo plazo podría generar presiones al alza aunque a mediano plazo el efecto sería contrario- y la efectividad de la medida en función de su nivel de adhesión. Pero, sin dudas, el Gobierno Nacional está demostrando que no hace "la plancha" esperando octubre, sino que continúa comandando el proceso de desarrollo con distintas políticas tendientes a fomentar el empleo y la producción por sobre la especulación y la inclusión social por sobre el "sálvese quien pueda".

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