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8 de marzo 2002 - 00:00

Otro banco se declara insolvente en Japón

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El Chubu, entidad con sede en Shizuoka, al suroeste de Tokio, había renunciado ante la Agencia de Servicios Financieros (ASF), organismo que supervisa el sector, a planes de rehabilitación como la búsqueda de unos 2.400 millones de yenes (18 millones de dólares) para mejorar su estado financiero, informaron fuentes del sector.

El banco central aprobó créditos sin garantías en una reunión urgente después de que el ministro de Finanzas, Masajuro Shiokawa, y el responsable de la ASF, Hakuo Yanagizawa, pidieran al emisor acelerar una inyección de liquidez para el Chubu.

La ayuda del banco central a una entidad en apuros es la segunda en cuatro meses después de que el banco de Ishikawa, en la región de Kanazawa, recibiera préstamos similares en diciembre.

Según fuentes del Banco de Japón, el auxilio tiene como finalidad mantener la confianza de los depositantes en otras entidades y frenar una fuga de capitales que se teme al final del ejercicio cuando drásticos ajustes de contabilidad y cambios en la normativa bancaria pueden producir numerosas quiebras en el sector.

Cuando concluya el año fiscal, la banca japonesa deberá liquidar montañas de créditos fallidos acumulados desde hace más de una década y tendrá que incluir millonarias pérdidas ocasionadas por la devaluación bursátil en sus libros contables.

Además, en abril el gobierno japonés restituye el límite de diez millones de yenes (unos 76.000 dólares) para los depósitos protegidos oficialmente en el caso de quiebra de una entidad.

La protección oficial del total de los depósitos fue instituida como medida temporal de seguridad a finales de la década pasada tras quiebras sonadas del sector como la casa de valores Yamaichi.

El límite de protección oficial será reinstalado pese a que el sector no ha recuperado su vitalidad y repercute en un éxodo de fondos a cuentas ordinarias, a bonos extranjeros, reservas en oro y otras formas de inversión menos expuestas a la fragilidad de las entidades.

En febrero pasado la circulación de billetes en Japón aumentó un 12,4 por ciento el mes pasado, hasta 63,3 billones de yenes (487.000 millones de dólares) y los expertos sugieren que gran parte de ese dinero se encuentra guardada en los hogares.

Muchos bancos han llegado a cuadruplicar los intereses con el fin de mantener sus depósitos, mientras crece la popularidad de los bonos regionales, los lingotes de oro y las propiedades inmobiliarias.

El hecho de que desde el inicio del año fiscal en curso, en abril pasado, un total de 53 pequeñas y medianas instituciones financieras se hayan declarado en bancarrota, contribuye a aumentar la incertidumbre de los ahorradores japoneses.

Aparte de las medidas del Banco de Japón, que tienen como principio evitar el colapso de las entidades y sus consecuencias en el resto de la economía, el gobierno anunció esta semana la creación de un "banco puente" que nacionalizará por un máximo de tres años las operaciones de las entidades fallidas.

Ayer una entidad hipotecaria llamada First Credit, fue forzada a quebrar por su principal acreedor, el banco Shinsei, controlado por Ripplewood de Estados Unidos, en un caso que, para algunos expertos, dejó en evidencia la diferencia extrema de métodos para solucionar problemas similares.

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