Muy optimista ayer salió el ministro Roberto Lavagna del encuentro con el secretario del Tesoro norteamericano, John Snow. «La semana que viene redactaremos el borrador del acuerdo y procuraremos cerrar la negociación para fines de agosto o principios de setiembre», expresó. No es la primera oportunidad en la que Lavagna promete un «borrador» de acuerdo: lo hizo al poco tiempo de asumir como ministro, en agosto de 2002, y recién logró firmar el miniacuerdo seis meses después. Tampoco dejó el ministro en claro si será un entendimiento de largo plazo, a tres años, o una reedición del miniacuerdo. La diferencia no es poca: se postergaría nuevamente la ejecución de reformas (default, bancos, privatizadas) para sólo comprometerse a metas fiscales y monetarias (límites a la emisión de pesos). Por este motivo, Pascual Lamy, encargado de las relaciones comerciales de la Unión Europea, envió hace dos días una carta a Lavagna con fuertes críticas ante otra postergación de la solución a los problemas que atraviesan las empresas de servicios públicos. Snow ayer le planteó a Lavagna un tema recurrente en cada viaje oficial a Europa y Estados Unidos: las continuas demoras en el proceso de la renegociación de la deuda con acreedores. Sobre el superávit primario a incluirse en el acuerdo, Lavagna insiste en que no supere 3% del PBI, aún lejos de lo necesario para el acuerdo.
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