Con los datos preliminares de Producción Industrial (IPI) de junio, que registran una caída de 0,8% respecto de junio de 2006 y también de 3,9% respecto de mayo pasado, se puede asegurar que la crisis energética ya ha cobrado una de sus víctimas, la industria.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
¿Quiénes serían los más afectados por las restricciones de gas natural y energía eléctrica? A nivel de la economía global lo sería el sector productor de bienes, el cual representa 34% del PBI en nuestro país. La mitad de esa participación le corresponde al sector industrial. Asimismo, dentro de los productores de bienes afectará más a los procesos continuos que a los no continuos.
El sector productor de servicios, 66% del PBI, enfrentará la restricción, pero con mucho menor intensidad, donde la restricción dependerá principalmente de la potencia y los consumos. No es lo mismo el consumo energético de un hotel que el de una zapatería.
Desde agosto de 2005 el IPI presentaba máximos absolutos en producción industrial mes a mes, hasta mayo pasado. Con los números preliminares de junio se habría interrumpido esa tendencia, que aconteció durante 22 meses consecutivos, teniendo como causa la restricción energética de junio, que se habría profundizado en el presente mes.
La disminución de la actividad industrial captada por el IPI de junio estaría asociada a los problemas ocasionados por la insuficiencia en el suministro de gas (contratado en firme) y electricidad que enfrentó la industria desde los últimos días de mayo, y con mucha mayor intensidad durante junio. Los sectores que se han visto mayormente perjudicados por este inconveniente fueron los de proceso continuo.
Las caídas interanuales fueron muy significativas en los sectores Químicos Básicos (-30%), Agroquímicos (-55%), Petroquímicos (-13%), Plásticos (-8%), Siderurgia (-8%, aunque en este caso también presentó paradas técnicas de planta programadas), y en el sector Alimentos (-12%, que incluye el problema de la cuenca lechera desde hace varios meses).
Un proceso de producción continua que se salvó de la restricción fue el procesamiento de petróleo, el cual creció 7%, y alcanzó un nuevo récord histórico.
Disponibilidad energética y autogeneración permitieron que ello aconteciera, gracias a Dios, pues si con las destilerías operando al máximo hubo faltante de gasoil, no nos imaginamos qué hubiere acontecido en caso de que hubiere operado la restricción energética. También presentaron aumentos la producción Automotriz (30%) y la de Minerales no Metálicos (9%). Estos dos sectores contribuyeron al crecimiento del IPI del primer semestre en casi 80% del total.
Otro precio
Algunos sectores «saltaron» la restricción de gas haciendo uso de combustibles líquidos, pero ¡a otro precio! mucho más alto, por lo cual sus costos se vieron incrementados. Las restricciones energéticas dispuestas por el gobierno de Néstor Kirchner que se reflejaron en la actividad industrial de junio se reflejarán en forma más aguda en los datos de julio, por lo cual cabría esperar una muy fuerte caída interanual para el mes en curso, datos que recién se dispondrán a mediados de agosto.
Los próximos meses: ¿Where is Wally?
¿Qué tiene que ver el título del libro infantil «Where is Wally»? Que ese personaje aparecía en cualquier lugar dentro del dibujo de la página en la cual uno lo debía hallar entre distintos personajes, al igual que deberemos «encontrar la ubicación del nivel de producción industrial de julio y agosto, tal como se puede observar en el gráfico adjunto. Seguro que Wally estará por debajo de los niveles de 2006, pero dejamos al lector el desafío de encontrar a Wally.
Por lo tanto, habrá que seguir racionando la demanda de energía. Hay dos formas, por precio o por cantidad, y hasta el presente se adoptó la última y para ciertos sectores en particular. Si el objetivo era aliviar el impacto de la restricción energética al sector productor de bienes, lo lógico sería comunicar a la población que es necesario racionar los consumos de gas natural y electricidad, modificando el hábito de consumo. El problema se circunscribe a decidir quién se hace cargo de «ser el mensajero de la mala noticia».
Dejá tu comentario