Los bancos perdieron $ 2.000 millones de depósitos del público y empresas en octubre. Ya superadas las elecciones presidenciales, el dinero no está retornando a las entidades. La razón es obvia: con inflación ya en torno a 20% anual, sólo se intenta mantener depositado lo estrictamente necesario para transacciones. Conspira esto contra la pretensión oficial de que bajen las tasas de interés y retorne el crédito a largo plazo. Se esfumaron lamentablemente alternativas como el leasing y, desde ya, los créditos hipotecarios a tasa fija a 5 años o más. La economía lo siente, justo cuando más necesita de anuncios de inversiones. Los primeros meses de gestión de Cristina de Kirchner lucen más complicados que lo inicialmente previsto. Es la herencia recibida.
El BCRA consiguió tranquilizar a medias la plaza financiera en la semana poselectoral ya que si bien el dólar prácticamente se desplomó (al perder tres centavos en cinco jornadas), no ocurrió esto con las tasas de interés, que continuaron en los mismos niveles elevados que antes de los comicios.
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La divisa finalizó la semana en $ 3,16, y el viernes el Central tuvo que comprar fuerte para impedir que siguiera cayendo. De hecho, las reservas aumentaron más de $ 120 millones en una sola jornada, algo que no se veía prácticamente desde inicios de la crisis en julio. Contribuyeron a esto el clima algo más tranquilo luego de los comicios y también la expectativa de mayor ingreso de divisas este segundo bimestre del año. El titular del BCRA, Martín Redrado, procura recuperar los casi u$s 1.500 millones de reservas perdidas entre julio y octubre en este último bimestre del año.
Pero la relativa facilidad con la que el Central consiguió tranquilizar al dólar no se reflejó en las tasas de interés. Pese a que los préstamos entre bancos a un día («call money», en la jerga financiera) bajaron a 8,50% anual, para plazos de 30 días o más la situación es totalmente distinta. Los préstamos a empresas de primera línea no bajan de 15,5%, de acuerdo con la información oficial distribuida por el BCRA. Antes de la crisis financiera internacional y la incertidumbre preelectoral, estas tasas se ubicaban entre 10% y 11% anual.
Para compañías más chicas, no bajan de 20% y usualmente el costo de financiación, por ejemplo, por adelantos en cuenta corriente o descuento de facturas, se ubican en más de 22%.
Dificultad
Los fideicomisos financieros que se colocaron en los últimos días, en tanto, presentan rendimientos de 18% anual en promedio para colocaciones que van de cuatro a seis meses de plazo promedio.
¿Por qué cuesta tanto bajar las tasas? La respuesta del Central es que el mecanismo de transmisión llevará algunas semanas: «Es más fácil bajar el dólar porque intervenimos directamente. Pero creemos que de continuar esta tendencia favorable, las tasas tendrían que volver a valores más normales, aunque no al nivel anterior a la crisis», señaló un director de la autoridad monetaria.
Con las tasas pasivas, aquellas que pagan los bancos para captar dinero, ocurre algo similar. La BADLAR (tasa de plazos fijos de más de un millón de pesos a treinta días) tuvo un nuevo salto a fines de la semana pasada: llegó a 13,5% y por ahora no muestra señales de aflojar. En el BCRA quieren que descienda a lo largo del mes a niveles inferiores a 12%.
Esta situación complica a las empresas, pero también al público. Las líneas crediticias dedicadas al consumo y a préstamos hipotecarios aumentaron entre 4 y 5 puntos en agosto y nunca retornaron a los niveles anteriores.
Pese a los anuncios del gobierno sobre préstamos al público a 12% y a las empresas a 9% (una semana antes de las elecciones), el efecto fue prácticamente nulo ya que se trató de líneas de alcance muy acotado.
No es casual que los bancos estén dispuestos a pagar más para captar fondos. En octubre, los depósitos del sector privado cayeron casi $ 2.000 millones, equivalentes a 1,6%, la baja más grande desde 2002. Para recuperar al menos parte de esa pérdida, deben mantener niveles de tasas elevados hasta ver la reacción de los inversores. La apuesta de Redrado es que con un dólar estable, y sin expectativa de superar los $ 3,20 en los próximos meses, los ahorristas vuelvan a los plazos fijos.
Al mismo tiempo, como el BCRA intensificaría la compra de dólares en las próximas semanas, esto implicará la inyección de una importante cantidad de pesos que tendrían que volver (al menos parcialmente) al sistema financiero.
El trasfondo de este aumento en el costo del dinero es la inflación. Con la aceleración del índice de precios es lógico que tanto el público como las empresas exijan más a la hora de inmovilizar fondos en los bancos. Sin signos de desaceleración por delante, evalúan en el equipo económico, será complicado conseguir una reducción significativa de las tasas.
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