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El análisis realizado por Empiria Consultores parte de un contexto que luce más ordenado que el de años previos: tipo de cambio real más flexible desde enero, recuperación de reservas y un Banco Central comprador en el mercado. Sin embargo, sostiene que ese marco no garantiza el abastecimiento de dólares para un año que concentrará múltiples exigencias externas.
Empiria proyecta para 2026 un déficit de cuenta corriente cercano al 1,6% del PBI, equivalente a unos u$s11.000 millones. A ese rojo se suman otros factores que presionan sobre la demanda de divisas:
Dolarización de carteras estimada en torno a u$s -16.000 millones.
Meta de acumulación de reservas por aproximadamente u$s10.000 millones.
Vencimientos de capital del Tesoro por unos u$s6.500 millones.
En conjunto, el requerimiento total supera los u$s40.000 millones, un nivel que —según la consultora— solo se alcanzó en 2016 y 2017, cuando el sector público tenía acceso fluido al financiamiento internacional y emitía deuda por unos u$s25.000 millones anuales, una opción que hoy no aparece disponible.
Además, el informe remarca que el Gobierno desliza que no prevé tomar nueva deuda significativa y que no contaría con un aporte extraordinario del Fondo Monetario Internacional como el que reforzó las reservas en 2025.
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Cuáles son las necesidades de financiamiento del Gobierno
Superávit comercial, pero con límites
El estudio estima un superávit de bienes cercano a los u$s14.000 millones, con exportaciones por u$s84.000 millones e importaciones por u$s70.000 millones. No obstante, el resultado positivo del comercio no alcanzaría para compensar el déficit en servicios y rentas.
En particular, el déficit de servicios en 2025 fue el mayor desde que existen registros, con un saldo negativo de u$s11.200 millones, impulsado principalmente por el turismo emisivo y los viajes al exterior. Esa dinámica seguiría afectando la disponibilidad neta de divisas.
La consultora destaca como factor favorable el giro energético: el sector pasó de un déficit de u$s3.000 millones a un superávit de u$s7.800 millones, lo que amortigua parcialmente el desequilibrio externo. Sin embargo, ese alivio no compensa el resto de las obligaciones proyectadas.
Dolarización persistente
Otro punto crítico es la tendencia a la dolarización de carteras. Aunque se prevé menor que en 2025, la consultora la estima todavía negativa en torno a u$s16.000 millones. Esta preferencia estructural de ahorristas e inversores por activos en moneda extranjera incrementa la presión sobre las reservas y limita el margen de maniobra del Banco Central.
En paralelo, el sector privado demandará divisas tanto para importaciones como para la remisión de utilidades y la formación de activos externos, intensificando la competencia por los dólares disponibles.
Empiria concluye que el esquema cambiario implementado desde comienzos de año puede resultar insuficiente para cubrir todas las necesidades de 2026. A diferencia de 2025 —cuando medidas transitorias y aportes extraordinarios facilitaron el abastecimiento de divisas en un contexto electoral— no se prevé repetir herramientas como la reducción temporal de retenciones ni adelantos significativos de organismos internacionales.
Así, el próximo año exigirá una generación sostenida de dólares por parte del sector privado en un escenario de tipo de cambio real exigido y acceso restringido al crédito externo, configurando un frente financiero que no luce sencillo para la política económica.
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