• ES PARA CUBRIR LAS NECESIDADES DE 2019. • EL DIRECTORIO DEL ORGANISMO REVISA CONTENIDO Y EXIGENCIAS. La crisis cambiaria que azota al país desde hace ya varios meses terminó paralizando todo intento de llevar adelante cualquier programa que no esté destinado a frenar al dólar. En esa lógica perversa, el Gobierno siente que el mercado le exige demasiado. Y no atina a encontrar las explicaciones que le permitan actuar con cierto grado de eficacia, más allá de las fórmulas repetidas. El acuerdo con el FMI ya está en plena revisión del directorio del organismo. Y la única certeza que aporta por estas horas es que el ajuste en 2019 será mayor. Pero si el dólar no detiene su carrera, todo se torna relativo.
ún por qué el mercado le exige tanto. El camino de remontar la corrección de un déficit fiscal descomunal y poner en línea las distorsionadas tarifas de servicios públicos que dejó como herencia la era Kirchner no fue compatible con el gradualismo que Cambiemos proclamó como una virtud desde el primer día de gobierno. Y concluyó con un acto que, aunque reivindicado como positivo por el macrismo, no deja de ser una derrota como lo es siempre que un país debe recurrir al FMI.
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¿Era posible no hacerlo tomando en cuenta los números de una economía minada por el deficit descontrolado, una rigidez presupuestaria intolerable y la exigencia en materia de asistencia social que implicaban los altísimos niveles de pobreza? Quizás no, pero cada vez más resuenan las opiniones que al FMI habría que haber ido en los primeros días del mandato de Mauricio Macri a pedir fondos baratos que financiaran la reforma estructural de la economía que el Gobierno de Cambiemos lleva adelante.
El camino que siguió comenzó a minar la confianza, un bien que los gobiernos jamás pueden pagar con dinero sino que logran con acciones. ¿Por qué el mercado entonces le pide tanto a Cambiemos? Porque ahora no está seguro de qué forma va a cumplir con los compromisos que el propio Gobierno se fijó y le pide mas precisiones. A esas exigencias empezó a sumar otras que no pasan por los números: los operadores hablan también en las mesas de problemas políticos, un área que no manejan demasiado pero que intuyen está también en el origen de los problemas.
Para ser más claros: ahora los términos son otros. El acuerdo al que se llegó con el FMI deberá ser reanalizado por el directorio del organismo para conceder esa suerte de supergarantía ante los vencimientos, en caso de que sea necesaria el año próximo. Está claro que eso va a suceder y que no existen problemas, pero aunque Macri haya acordado ya con Christine Lagarde el adelanto de los desembolsos del plan original a 2019 para que no queden dudas sobre la capa-cidad de pago de Argentina sobre su deuda, la directora gerente del organismo no puede decidir por sí misma sin la palabra del board.
Macri habló ayer temprano antes de que abrieran los mercados. Fue un mensaje demasiado escueto y sin precisiones técnicas para explicar los cambios. Quizás no debió ser él quien diera las nuevas. La respuesta del mercado fue que el esfuerzo no alcanzaba y llegó a través de un latigazo: el dólar llegó a subir 7,5%. Los operadores no encontraron las precisiones que esperaban en esa señal de confianza que quiso dar el Gobierno. A la tarde Lagarde acompañó con un comunicado del Fondo donde confirmó las palabras de Macri y que se negocia ese apoyo. Dujovne, desde el Ministerio de Economía, intentó dar esas puntadas que el mercado aún pide, pero al hacerlo confirmó un dato que se intuía: habrá un esfuerzo fiscal extra para acompañar el adelantamiento de los desembolsos que deberían haber llegado en 2019 y 2020, en caso de que sea necesario. Nadie asegura que esos fondos se utilicen, solo que en caso de una crisis más severa estarán allí disponibles. Ese ajuste extra implicará llevar el déficit a casi la mitad de lo que se había comprometido.
¿Alcanza? Quizás la confirmación oficial del board del FMI sea el guiño que esperan los mercados. Debería llegar rápido, según prometió Lagarde, y no hay por qué dudar ya que hizo lo mismo cuando se negoció el acuerdo original.
El problema es que la crisis cambiaria que viene azotando al país terminó paralizando cualquier programa de gobierno que no esté destinado a controlar el dólar. Está claro que esa es la prioridad y por eso la urgencia en calmarla cuanto antes.
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