20 de marzo 2002 - 00:00

Tendrían que dejar comprarlos a igual precio de mercado

En el libro «El día en que Nietzsche lloró», en un diálogo imaginario entre Nietzsche y su médico, aquél dice: «¿La esperanza? ¡La esperanza es el peor de todos los males! Cuando se abrió la caja de Pandora y escaparon los males que en ella había guardado Zeus, quedó, sin que nadie lo supiera, un último mal: la esperanza». Desde entonces, el hombre ha considerado la caja y sus contenidos esperanzadores como un cofre de la buena suerte.

Pero olvidamos el deseo de Zeus de que el hombre siga atormentándose a sí mismo. La esperanza es el peor de los males porque prolonga el tormento.

Si hay un lugar destacado en el que el hombre sigue atormentándose a sí mismo ése es la Argentina. Y debe ser también el sitio donde la esperanza prolonga más el tormento.

Sobre todo, si ésta no tiene asidero con la realidad y si ella es un medio para no descubrir los propios errores.

Este parece ser el tipo de esperanza que tiene el gobierno cuando desea que el precio del dólar no suba, y que no sea el bien más demandado.

A partir de una expectativa errónea y en la búsqueda de soluciones imaginarias, seguramente se reproducirán los errores con mayor magnitud.

La esperanza del gobierno lamentablemente es errónea, básicamente porque miles de personas habían tomado, dentro del contexto de una economía relativamente estable, la decisión de ahorrar 48.000 millones de dólares, en forma previa a la aplicación del «corralito». Por lo tanto, no parece haber medida que pueda tomar el gobierno que revierta tal decisión del mercado, máxime teniendo en cuenta que ahora el contexto económico es absolutamente inestable.

De tal manera esos 48.000 millones de dólares que se convirtieron en 67.200 millones de pesos están volviendo a ser dólares. Y muchos ahorros más tratan de convertirse en el mismo sentido por efecto reflejo.

• Influencia

Esta es una situación que el gobierno no podrá revertir con la creación de los bonos de opción para el cambio de los depósitos reprogramados. Ello debido a que los bonos en dólares se cambiarán a 140% de su valor nominal. Mientras los restantes bonos en dólares se cotizan en la Bolsa alrededor de 25% de su valor. Si el inversor ya defraudado canjeara sus depósitos por estos bonos, perdería automáticamente 75% de su capital, cuando éstos salgan al mercado abierto.

Distinto sería si el gobierno permitiera a los ahorristas defraudados comprar los bonos de la deuda externa a los precios de mercado. Así, ellos serían acreedores de una mayor cantidad de dólares y, llegado el caso, podrían, a su vez, en un futuro mediato hacerlos, líquidos, para comprar propiedades, autos o lavarropas.

Esto descomprimiría la demanda de dólares, activaría el mercado interno y evitaría el actual drenaje de pesos del sistema bancario, sin influir tan contundentemente en la desvalorización de nuestra moneda.

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