La sutil división que distingue realidad de representación artística fue franqueada una vez más, a fines de la semana pasada, en la apertura de la exposición “Obra inconclusa”, del artista visual y cineasta Silvio Fischbein en el Centro Cultural Borges. Una parte de la muestra, compuesta por numerosos bebitos de plástico (muchos de ellos perforados por cuchillos, barridos por escobas, recogidos por palas) dio lugar a una violenta confrontación entre dos personas, una de ellas “celeste” y la otra “verde”, porque interpretaron esa instalación como una inequívoca referencia del artista al tema del aborto.
“Ese tipo de polémicas no me interesa pero me sorprende”, dice Fischbein a este diario. “Quienes se pusieron a debatir ignoraban que esta obra tiene diez años, es decir, que fue concebida mucho antes de que se instalara el tema en nuestra sociedad. Y esto es realmente lo importante: el arte tiene que completarse en la mirada del espectador, debe ser experiencia. El arte colgado, muerto, no tiene ningún valor fuera de la relación con el contemplador. Mi arte, el arte que a mí me interesa, no es un arte para ser colgado en las paredes; la interpretación que haga el espectador es lo que vale más allá del partido que pueda tomar o de cómo lo interpreta. A eso me refería con lo de las polémicas que no me interesan. Sí las interpretaciones. La Gioconda que vemos hoy detrás de un vidrio oscuro, rodeada por turistas japoneses que no dejan de fotografiarla, no es la misma que se veía en su época”.
La muestra, que continuará abierta al público hasta el 4 de abril, está integrada por recortes de periódicos y revistas de todo el mundo; mapas, cartones, fragmentos de maderas, telas y tejidos, cuentas de collares, puertas, sillas, atriles, teclados de piano y un sinfín de objetos de la vida cotidiana, que Fischbein hace interactuar. Con la curaduría de Federico de la Puente, la exhibición se presenta en el marco del lanzamiento de su libro “Silvio Fischbein: Artista Visual 2”, editado por la Pollock-Krassner Foundation. La exposición recorre 55 años de trayectoria, “desde las primeras cerámicas”, dice a este diario “hasta lo último que he creado”, e integra sus series, en las que se mezclan trabajos escultóricos, instalaciones, videos y ensamblajes de objetos. “Yo no trabajo con pintura”, explica, “trabajo con colores. No reproduzco objetos, los incorporo”.
Aunque dedicado al cine durante gran parte de su vida, Fischbein se dio a conocer al gran público en 1988 con el film “Mamá querida”, que protagonizaron Chela Ruiz, Víctor Laplace y Selva Alemán. Su último estreno fue la comedia “Tus ojos brillaban”, en donde Beto Gianola interpretaba a un enólogo enamoradizo, y un elenco que integraron Laura Oliva, Miguel Ángel Rodríguez, Hugo Arana, Susana Traverso y Claribel Medina. Pero fue en 2004, y desde entonces nunca más. “Hacer cine en la Argentina es cada vez más difícil”, reconoce ante este diario. “Todas mis películas, y en particular ‘Mamá querida’, funcionaron bien, pero nunca dejé de tener sobresaltos económicos porque yo también participaba como productor”.
No asegura, desde luego, que no volverá a filmar: “Tengo escrito hace mucho el guión de un largometraje que se llama ‘Miniatura’. Es la historia de un arquitecto que tiene montada en su casa una ciudad en miniatura. Y es un libro que abre un diálogo con una de las películas que más influyeron sobre mí y sobre mi carrera, ‘Blow Up’, de Antonioni. La historia de ese fotógrafo que hoy ya no tomaría fotos como antes, con ese revelado en laboratorio, pero que viviría en una época donde se toman más fotos que nunca”.
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