10 de febrero 2011 - 00:00

Acorralado, Mubarak muestra la riesgosa carta del golpe militar

Manifestantes organizaron una vigilia en la plaza Tahrir, en honor a los cerca de 300 muertos desde que se inició la revuelta, hace 17 días.
Manifestantes organizaron una vigilia en la plaza Tahrir, en honor a los cerca de 300 muertos desde que se inició la revuelta, hace 17 días.
El Cairo - Surgió ayer con claridad en Egipto la carta del golpe de Estado, en un día en que volvió la violencia, con cinco muertos. El acorralado régimen de Hosni Mubarak advirtió de una intervención militar si las protestas prodemocráticas profundizan el caos, luego de que los manifestantes rodearan ayer el Parlamento y la sede del Gobierno. Las amenazas surgieron luego que la Hermandad Musulmana (HM) se retirara de la mesa de diálogo promovida por las autoridades que busca organizar la transición.

El ministro de Relaciones Exteriores, Ahmed Abul Gheit, señaló que «si hay caos, las Fuerzas Armadas intervendrán para controlar el país», en declaraciones al canal de televisión Al Arabiya. «Si eso ocurre (...), las Fuerzas Armadas se verán obligadas a defender la Constitución y la seguridad nacional de Egipto. Estaremos en una situación muy peligrosa», agregó.

Poco antes, el vicepresidente Omar Suleimán ya había aseverado que un fin inme-diato del régimen «significaría el caos». «Queremos evitar un golpe precipitado e irracional».

Asimismo, Suleimán se quejó de lo que considera una falta de respeto por parte de los cientos de miles de manifestantes que exigen una rápida dimisión del jefe de Estado. «Quien recomienda a Mubarak que se despida está insultando no solo al presidente, sino también al pueblo egipcio», afirmó Suleimán en alusión al lema Día de la Salida, que encabezó las protestas del viernes pasado.

La amenaza del golpe de Estado militar se presenta, por un lado, como un resguardo contra la eventual irrupción de islamistas. Sin embargo, no está claro que el régimen cuente con la lealtad del Ejército en este momento. Al inicio de las protestas, en un inusual comunicado, la cúpula de las Fuerzas Armadas calificó de «legítimas» las exigencias de la población y se negó a reprimir.

Sin embargo, cabe recordar que el propio Mubarak es un general de la Fuerza Aérea, y que su ascenso y permanencia en el poder contó con el apoyo decidido de los militares.

En ese sentido, el portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Philip Crowley, explicó: «Respetamos el rol que ha desarrollado el Ejército egipcio hasta ahora y lo alentamos a seguir demostrando la misma moderación que ha tenido a lo largo de los últimos días». La voz de EE.UU. resulta clave, dado el vínculo fluido de fondos y de capacitación entre el Pentágono y el Ejército egipcio.

El régimen ha intentado todo tipo de respuestas para contener la ola de protestas: desde la represión ilegal hasta las concesiones políticas, pero nada de ello logró aplacar a los manifestantes, que en un variado arco de ideologías, clases sociales y pertenencia religiosa, insisten en que el presidente se vaya inmediatamente. Mubarak, de 82 años, en el poder desde 1981, prometió no volver a presentarse en las elecciones de septiembre y el vicepresidente Suleimán abrió un diálogo con sectores de la oposición para reformar la Constitución y apurar una transición democrática.

En medio del resurgir de las protestas populares, la Hermandad Musulmana (HM) decidió retirarse de las negociaciones. «Solo podemos mantener conversaciones con alguien que reconozca la voluntad del pueblo de que el régimen se vaya», indicó Esan Al Erian en una conferencia de prensa, en la que volvió a exigir a Mubarak su renuncia.

A pesar de las nuevas advertencias, decenas de miles de personas volvieron a concentrarse ayer en la plaza Tahrir de El Cairo, epicentro del estallido político-social, que en la víspera había sido escenario de la concentración más multitudinaria en dos semanas.

A poca distancia, cientos de manifestantes rodearon al Parlamento y la sede del Gobierno, situados frente a frente. Y aunque los dos edificios fueron protegidos por militares y vehículos blindados, el consejo de ministros tuvo que celebrarse en otro lugar.

Asimismo se registraron protestas en otros puntos del país. En la localidad de Asiut (sur), los manifestantes anti-Mubarak bloquearon una vía férrea y cortaron con neumáticos quemados una ruta que conecta el norte y el sur.

También llegaron informes de violentos incidentes en El Jargo, otra ciudad del sur, donde la Policía dispersó a balazos una protesta, hiriendo a un centenar de personas, cinco de las cuales murieron, según el último balance de los servicios médicos. Al enterarse de la muerte de los manifestantes, los habitantes enfurecidos incendiaron siete edificios oficiales, entre ellos dos comisarías, un tribunal y la sede local del PND, precisó el informe.

Por su parte, el nuevo ministro de Cultura egipcio, Gaber Asfur, cuya entrada en el nuevo Gobierno formado el pasado 31 de enero había sido criticada por los intelectuales egipcios, anunció haber renunciado al cargo, aludiendo «motivos médicos».

Agencias AFP, EFE, DPA, Reuters y ANSA

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