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Adiós al notable realizador Borau
José Luis Borau, famoso por «Furtivos» pero también guionista y director de grandes films de la transición en España. Era miembro de la Real Academia Española.
Nacido en Zaragoza, Borau empezó como crítico en «El Heraldo de Aragón», se recibió de abogado, pasó a la Escuela Oficial de Cinematografía, de Madrid, salió haciendo cortos turísticos y un western paella, y sorprendió en 1972 como guionista de «Mi querida señorita», de Jaime de Armiñán, con un asunto escandaloso para aquella época en España. Más incómodo aun, el guión de «Camada negra», de Gutiérrez Aragón, fuerte crítica al tardofranquismo de la Transición. Con el tiempo, Borau daría clases de guión en las universidades.
Como director, se consagró en 1975 con la fantasía política «Hay que matar a B», ambientada en Sudamérica, y sobre todo con «Furtivos», drama tremendista ambientado en la España más atrasada y atávica de ese momento. Esa fue su obra por excelencia, que discutió con la censura hasta estrenarla sin corte alguno. Hubo otras, más singulares («La Sabina», «Niño Nadie») o más agradables, como «Tata mía», con Imperio Argentina y Carmen Maura, y «Leo», con la que Borau se despidió de la dirección en 2001.
Casualmente ese mismo año presidió el jurado del Festival Internacional de Mar del Plata (ahí estaban, entre otros, Julie Delpy, Daniel Burman y el famoso teórico norteamericano David Bordwell). Y fue productor por la parte española de «El verano de Ana», sensible relato sobre el duelo familiar que la argentina Jeannine Meerapfel realizó en Grecia con Angela Molina.
Borau fue además miembro de la Real Academia de la Lengua Española, y de la Academia Española de Cine, que incluso presidió. Al respecto, los españoles hoy destacan su gesto en el acto de entrega del Goya 1998, cuando condenó públicamente a la Eta, que entonces estaba en plena vigencia y no perdonaba gesto contrario alguno. También presidió la Sociedad General de Autores y Editores, creó su propia fundación, recibió abundantes premios, fue doctor honoris causa de varias universidades, y ocasional actor de reparto en papeles de médico, capellán, etc. (en «Furtivos» aparece como un gobernador poco confiable). Su mayor frustración en materia de cine, la decía sonriendo: «Me faltaron 15.000 dólares para dirigir a Orson Welles». Lo necesitaba para un día de rodaje, pero el representante fue inflexible.
P.S.


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