El año pasado fue muy desafiante para toda la industria. La irrupción del covid-19 y la abrupta caída de la demanda y del precio internacional del petróleo impactaron sobre toda la cadena de valor. Pero, a su vez, nos llevaron a buscar nuevas formas de operar de manera segura, sin perder eficiencia ni interrumpir la producción para abastecer a la población de la energía que necesita. En un momento incierto y complejo, reforzamos nuestro compromiso con el desarrollo de Vaca Muerta.
Los resultados están a la vista. Continuando nuestro plan de inversiones sin cambios ni demoras significativas, desde el año pasado duplicamos nuestra producción a 25.000 barriles de petróleo y triplicamos nuestra capacidad de producción a 42.000 barriles, con la construcción de una segunda planta de producción en nuestro bloque de Sierras Blancas que se suma a la que ya teníamos en operación desde 2016. Para fines del año que viene, esperamos tener ambas plantas abastecidas al máximo, a través de un plan de perforación de alrededor de 30 nuevos pozos anualmente.
También este año fue el pase a desarrollo masivo de Bajada de Añelo, un bloque que operamos con YPF como socia en la ventana de transición entre petróleo y gas de Vaca Muerta. La decisión implicará la construcción de nuestra primera planta en esta área, con una capacidad de procesamiento de hasta 15.000 barriles diarios de petróleo (2.500 m3/d) y 70 millones de pies cúbicos de gas diarios, a la que conectaremos los 12 pozos ya perforados y 16 nuevos pozos que haremos en los próximos años para abastecer plenamente la planta para 2024.
Un tercer hito fue comenzar con la planificación de un oleoducto de 105 km. de largo y una capacidad de 120.000 barriles (20.000 m3) que construiremos durante el próximo año para evacuar nuestra producción desde Sierras Blancas, en Neuquén, hasta Allen, en Río Negro. Este es un proyecto muy importante para nosotros porque es el primer paso que damos en el midstream para abordar el más eficiente y a menor costo la evacuación del crudo. A medida que más operadoras y proyectos alcancen niveles de desarrollo como los que estamos alcanzando en Sierras Blancas, ampliar la infraestructura, en especial en transporte de crudo y de gas, es una prioridad.
Desafío
Múltiples inversiones como estas serán necesarias para desarrollar Vaca Muerta a gran escala, tanto en el mercado interno y de exportación del petróleo y del gas, donde el desafío es mayor, pero también es mayor la oportunidad por los recursos en la subsuperficie de la formación y la mayor demanda que provendrá de la descarbonización en el marco de la transición energética.
Inversiones muy importantes y a largo plazo que generarán ingresos, divisas, empleo y producción, que esperan condiciones competitivas y acuerdos que las sostengan y las hagan estables y previsibles en el tiempo.
La oportunidad es enorme, pero la ventana temporal para aprovecharla se achica. No hay tiempo que perder.
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