11 de enero 2016 - 00:00

Atractivo show de tango, sin facilismos “for export”

“Esquina Homero Manzi” es una propuesta sencilla que cumple con los “códigos” de todo show de tango para turistas, pero también con condimentos más genuinos que lo hacen apto, además, para el público local.
“Esquina Homero Manzi” es una propuesta sencilla que cumple con los “códigos” de todo show de tango para turistas, pero también con condimentos más genuinos que lo hacen apto, además, para el público local.
"Esquina Homero Manzi". Idea y dir. gral.: G. Fernández. Dir. mus. y guitarra: J. Hermida. Con E. Sosa y C. Rossi (canto), Mús.: M. Feigín (piano), C. Rago (violín), A. Pais Negrín (bandoneón) y M. Longo (contrabajo). Bailarines: V. y G. Bordón, A. Sánchez-W. Suquía, P. Ballesteros-L. Barri, C. Fernández-C. Bravo. (Esquina Homero Manzi, todos los días).

Hay códigos que necesariamente deben cumplirse. O al menos, eso parece ser lo que marcan las reglas no escritas de los espectáculos que tienen a los turistas y al tango como principales puntos de atracción. Pero, vaya paradoja, este tipo de casas, que suelen incluir show más cena con entradas de precios variables y en general no baratas, se convierten prácticamente en la única posibilidad de escuchar tango en Buenos Aires, la capital mundial del género. Esas reglas dicen que tiene que haber algunos títulos inevitables, que hace falta una pareja mixta de cantores, una orquesta más o menos numerosa, y que es imprescindible la presencia de los bailarines. Luego, cada coreógrafo, cada productor, cada director musical arma su propuesta y la ofrece al público de lunes a lunes con las lógicas y naturales consecuencias que esa rutina puede conllevar.

Dicho todo esto, hay que decir también que lo que está ofreciendo la "Esquina Homero Manzi", en el bar/restorán ubicado en la emblemática unión de las avenidas San Juan y Boedo (ya no antiguo) es simultáneamente apto para públicos que llegan desde el exterior como para argentinos que quieren pasar una noche disfrutando de su propio género.

La ideóloga y directora general Gachi Fernández tuvo la virtud de armar una propuesta sencilla, cumpliendo con esas reglas citadas pero sin caer en el facilismo "for export". Los bailarines tienen los pies más en el piso que en el aire sin claudicar del formato "tango de escenario", ni de los muslos de las chicas a la vista. La puesta es felizmente austera. Y además de temas clásicos, como "La cumparsita", "Sur", "Volver", "Malena" o "Desde el alma", se escuchan varios otros mucho menos difundidos internacionalmente, incluidas piezas de autores como Rubén Juárez, Eladia Blázquez, Juan Carlos Cáceres, Guillermo Fernández, Osvaldo Ruggiero o Eduardo Rovira. Y en este último aspecto, hay que reconocer al director musical, el guitarrista Julián Hermida. Sin dudas, él tuvo mucho que ver en el repertorio, en el que se permite el instrumental "Nené, de su autoría. Pero también en el moderno trabajo de arreglos que, sin renunciar a "la herencia recibida", ofrece un sonido que tiene mucho que ver con nuestro tiempo.

Por lo demás, el show tiene algunos muy buenos momentos en las parejas de baile; es gracioso y muy bien logrado, por caso, el cuadro humorístico para "Felisia" por Viviana y Gabriel Bordón o el de "Último tango en Buenos Aires", por Celeste Fernández y Cristian Bravo. Está muy bien la cantante Eliana Sosa en la zamba "La lluvia y tú de Ángel Linares. El conocido cantor Carlos Rossi se luce en su versión de "Desencuentro". Y un renglón aparte merece el quinteto de Hermida, con grandes solistas, con un despliegue elogiable en el arreglo de "Adiós Nonino" -con larga cadenza introductoria por el pianista Matías Feigin-, y con un solo de colección a cargo de Ayelén Pais Negrín para "Quejas de bandoneón".

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