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Atroz hallazgo de 248 fetos en un bosque de Rusia
Según la experta Juliana Abayeva, «se trata probablemente de material sin utilizar, previsto para investigaciones sobre vacunas». Y es que el hallazgo, cerca de la localidad de Nevyansk, junto a los montes Urales, arroja nueva luz sobre el lucrativo negocio de los abortos en Rusia.
Los fetos procedían de clínicas de Yekaterimburgo y, según informaron ayer medios locales citando a empleados de los centros afectados, se trata de «residuos médico-biológicos» de la clase B (abortos y nacimientos fallidos). Normalmente, hay empresas que se encargan de recoger estos fetos para su entierro. Pero esta vez, simplemente los tiraron. La compañía encargada de gestionarlo hace tiempo que se considera sospechosa.
«Fue horrible. Los toneles estaban sucios y los restos no se encontraban en los contenedores previstos, sino en bolsas normales y corrientes», comentó espantado un médico en Yekaterimburgo. La compañía encargada ya fue investigada el año pasado por este motivo, pero aunque no pudo presentar una autorización para la eliminación de residuos médicos, se había hecho con la licitación correspondiente.
El negocio de los embriones promete grandes réditos. «Este material es muy interesante para los genetistas», explicó Lidia Lukutova, del Instituto de Investigación para Ayuda al Parto y Ginecología de Moscú. Las células madre de estos fetos se utilizan para la industria cosmética y la farmacéutica.
Ahora, el patriarca de la influyente Iglesia Ortodoxa rusa toma como excusa el espeluznante caso para volver a promover la prohibición del aborto. También los políticos se mostraron horrorizados ante la laxa gestión de restos humanos.
«Nadie controla lo que sucede con los abortos», critica Yelena Misulina, presidenta de la Comisión de Familia en la Duma (Cámara baja del parlamento) estatal. «La demanda de este material es gigantesca», añade, alegando que las cifras que circulan son astronómicas.
«Cada año se producen en nuestro país entre cinco y seis millones de abortos», dijo Misulina al diario Isvestiya. Sin embargo, las cifras oficiales sólo hablan de en torno a un millón de abortos. Las clínicas privadas no publican sus datos, y la corrupción está muy expandida, pues muchos médicos no pueden alimentar a sus familias con sus pobres salarios.
Agencia DPA


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