14 de septiembre 2010 - 00:00

Autocrítica de Iglesia belga: “Hay omertá”

Bruselas - «En la Iglesia Católica belga hay una especie de omertá», de ley del silencio mafioso y cómplice. La frase, por dura que resulte, la profirió ayer el padre Tommy Scholtes, en medio del escándalo «Dutroux de la Iglesia», tras conocerse que casi 500 niños fueron víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes belgas entre los años 60 y 80, y que 13 de ellos se suicidaron algunos años después debido a las graves secuelas psicológicas de lo ocurrido.

El padre Scholtes participó en la radiotelevisión pública francófona (RTBF) en uno de los tantos debates que se organizaron en el país tras la publicación, el viernes pasado, del «informe Adriaenssens», por el nombre de su autor, el psiquiatra infantil Peter Adriaenssens, que confirmaba casos graves de abusos, entre ellos «penetraciones anales y vaginales (a novicias), tocamientos, sexo oral y masturbaciones recíprocas», según el texto del informe.

Preguntados por los expertos de la «Comisión Adriaenssens» por qué no denunciaron hace años esos hechos, cuando ocurrieron, la mayor parte de las víctimas respondieron frases como «es que no quería incomodar al padre (presunto autor de los abusos)». Por ello, «en efecto, esta especie de omertá (ley del silencio entre los mafiosos sicilianos) existía», aseguró Scholtes, quien dirige la Radio Católica -francófona- de Bruselas y también la agencia de prensa católica Cathobel.

«No creo que la palabra omertá haya que entenderla en el sentido literal, pero hay (en el seno de la Iglesia) un clima de tabú, vinculado con el hecho de que los religiosos culpables de este tipo de cosas (abusos sexuales a menores) estaban rodeados de una especie de imagen que tendría que haber sido modélica, pero que no lo fue en absoluto», dijo el religioso.

Reflexiones como la de Scholtes llevan a pensar en el problema de la sexualidad, el voto de castidad en la Iglesia y el celibato. «Hoy en día, apreciamos un problema muy distinto (al de los años 60 y 70) y es que la sexualidad está a disposición de todo el mundo (...) de miles de formas diferentes, incluida internet, que es accesible a todos», indicó el sacerdote.

El escándalo de las casi 500 víctimas de abusos sexuales a manos de prelados fue calificado por la prensa belga como el «Dutroux de la Iglesia» en referencia al pederasta belga Marc Dutroux, quien en los años 90 secuestró y violó a seis niñas y asesinó a cuatro de ellas.

Además del «mea culpa» entonado ayer por el cardenal primado de Bélgica André Leonard, quien tendió la mano de los purpurados «a las víctimas» y lamentó los «errores del pasado», son muchas las voces en el seno de la cúpula eclesiástica local que apuestan por hacer autocrítica y depurar responsabilidades para evitar nuevos casos futuros.

«Haría falta que todos nosotros, en la Iglesia, y que todos los ciudadanos tuviéramos en cuenta eso (el problema de la sexualidad y el celibato). Nosotros, en la Iglesia, también somos ciudadanos... somos de carne y hueso, los problemas (de abusos sexuales) siempre van a existir porque... hay impulsos muy fuertes que pueden estar en nuestro interior, por eso tenemos que tener cuidado», explicó el padre Scholtes.

Precisamente, ayer mismo el cardenal Leonard aseguraba que la Iglesia Católica belga hará un esfuerzo por mejorar su política de «reclutamiento» de nuevas vocaciones, es decir que «filtrará» mejor a los futuros candidatos, para evitar que vistan el hábito, por ejemplo, personas con problemas mentales o psicológicos.

Agencia DPA

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